El científico no busca un resultado inmediato.
No espera que sus ideas avanzadas sean fácilmente aceptadas.
Su deber es sentar las bases para los que vendrán, señalar el camino.

Nikola Tesla, ingeniero, físico e inventor serbio (1856-1943)

jueves, 4 de septiembre de 2008

¡Ay, de mi latín!

“Más deporte y menos latín”
José Solís Ruiz, ministro franquista (1915-1990)

Esta frase significó el comienzo del particular vía crucis educativo de una de nuestras lenguas clásicas, el maltrecho Latín. Se remonta a los tiempos del inefable ministro José Solís Ruiz, aquel simpático cordobés que abanderó en las Cortes franquistas, la promoción y fomento del deporte en el bachillerato.

Eso sí, lo hizo en detrimento del latín que a su entender era, poco menos que, una lengua muerta.

Fue en esas mismas Cortes donde acuñó la susodicha, ya un clásico, que se hizo célebre: “Más deporte y menos latín”. Es más o menos lo que vino a espetar el buen hombre.

Cuentan que tras su intervención, muy tranquilo y desde su escaño, el profesor Adolfo Muñoz Alonso le respondió con un vibórico: “Deje el señor ministro en paz al latín, que gracias a él, ustedes, los de Cabra, se llaman egabrenses”.

Una cuestión de gentilicio que, bien vista, es de agradecer. Aunque se sea un ignaro.


Como sabemos, a pesar de la ocurrente e ingeniosa respuesta, por desgracia, ganó el ministro. Si bien, ahora por fortuna, se acabó el régimen. Con lo que el ministro egabrense no pudo rematar su empeño de enterrar el latín.

Y en esas estábamos cuando, en esto, llegó la ministra de Educación Mercedes Cabrera. Y como el comandante, la Cabrera mandó parar. Hasta aquí hemos llegado. Latín y Griego son lenguas muertas y hay que enterrarlas.

Todo sea por la educación ciudadana de los alumnos logseros, digo yo que debió pensar. Alea jacta est.

Ni que decir tiene que se puso manos a la obra. De manera que lo que no pudo la dictadura franquista en los antañones, lo ha podido la democracia zapaterina en los amenes.

Toda una perversidad pedagógica inducida.

Y pensar que esta mujer es sobrina-nieta del gran físico Blas Cabrera, quien allá por 1923 trajo a España, nada menos que a Albert Einstein. Quién lo diría.

Pero es lo que tiene la evolución, que no siempre significa progreso. Bueno, al menos, los de Cabra se llaman egabrense. Quo vadis, Enseñanza.

1 comentario :

Anónimo dijo...

Pues si los d cabra somos egabrenses o cabreños, porque “cabrones“ x desgracia, hay en todos lados. Orgullosa d ser d cabra!!!!