Con los antibióticos, son todas malas noticias.

Nature Microbiology, noviembre 2016

lunes, 16 de diciembre de 2013

“Eppur si muove”, la leyenda (1)


Y sin embargo se mueve. Una frase mítica por ser paradigma de la rebeldía del hombre que la pronunció, en la mañana del 22 de junio de 1633, hace por tanto ya trescientos ochenta (380) años.

Casi cuatro (4) siglos, que son casi los mismos que tiene la ciencia moderna.

Dicen que lo hizo tras firmar el documento en el que abjuraba, públicamente, de su idea. Que era la Tierra la que se movía y no el Sol.

Un viejo dilema ya, éste del lugar que ocupa la Tierra en el Universo. Copernicanos frente a tolemaicos. Heliocentrismo vs geocentrismo. Ciencia y creencia enfrentadas. Una antañona disputa.

En esta ocasión, de un lado un hombre, el científico pisano Galileo Galilei (1564-1642). Del otro el Papa número 235 de la Iglesia católica, Urbano VIII (1568-1644).

Pero el forcejeo cósmico venía de más atrás en el tiempo. Las diferencias de Galileo con la Iglesia acerca de este tema, habían empezado unos años antes.

Un Galileo rebelde
Aunque alcanzó un momento álgido cuando, el 23 de febrero de 1616, el Santo Oficio prohibió el libro del astrónomo renacentista polaco Nicolás Copérnico (1473-1543). Ése y todos aquellos textos que enseñaban y difundían su principio heliocéntrico.

Una idea que ya había sido concebida, y en primera instancia, por el astrónomo y matemático griego Aristarco de Samos (310-230 aC), casi diecinueve (19) siglos antes.

Si bien, esta oposición, la Iglesia la hizo poniéndose de perfil. De forma tangencial. Ya me entiende. O sea.

Oficialmente, ella no declaraba como herejía a la teoría copernicana. Ni tampoco establecía la inmovilidad de la Tierra como artículo de fe. O sea que no.

Sin embargo el aviso estaba dado. O sea que sí. Sabiduría vaticana.

El problema radicaba en que todo lo copernicano iba en contra de lo aristotélico y la Iglesia no quería problemas. Por eso Galileo es llamado al Tribunal de la Inquisición y se le advierte.

El Papa Pio V, número 225 de la Iglesia Católica, le sugiere que abandone el copernicalismo y Galileo capta el mensaje, pues calla a partir de entonces.

La quemada sombra de Giordano Bruno (1548-1600) en la hoguera en 1600, se muestra aún alargada.

Y es que el astrónomo, filósofo y poeta italiano, con sus hipótesis cosmológicas, fue más allá que el propio Copérnico al proponer que el Sol no era más que una estrella. Una entre un sinfín de ellas.

Sí, Galileo hizo bien en callar ante el tribunal. Un silencio a tiempo puede significar ganar una batalla. La de la vida, por ejemplo. (Continuará)



3 comentarios :

Arturo Sánchez dijo...

Una forma entretenida de contar la ciencia, a la vez que instructiva.

Anónimo dijo...

Hecho en falta más información científica

Un "enrocado" dijo...

Creo que ese "hecho" va sin falta. Y para más información sobre los movimientos de la Tierra, en el blog hay bastantes entradas.