La Alhambra de Granada es la fuente de inspiración
más fértil de todas de las que he bebido.

M. C. Escher, artista neerlandés (1898-1972)

martes, 27 de octubre de 2015

Tu, Hunt y el Nobel de Medicina (y 2)

Parafraseando al agustino español de la escuela salmantina Fray Luis de León (1527-1591), les decía ayer que hoy escribiría del también Nobel de Medicina, no tan nuevo y por desgracia tristemente conocido T. Hunt.

Timothy Hunt
La T es de Timothy, pues se trata del bioquímico británico Timothy Hunt (1943), para más señas Premio Nobel de Medicina y Fisiología en 2001 junto al científico estadounidense Leland H. Hartwell (1939) y el bioquímico británico Paul M. Nurse (1949).

Obtuvieron el célebre galardón por sus descubrimientos relativos al papel de las ciclinas (una familia de proteínas) y las quinasas (mejor cinasas, un tipo de enzimas) dependientes de ciclinas en el ciclo celular.

Es decir que estamos ante uno de los laureados, hace ahora catorce (14) años, sin duda digno del mayor de los reconocimientos por ello pero que, hete aquí, hace ahora unos cuatro (4) meses mal contados, efectuó unas desafortunadas declaraciones sobre las mujeres científicas.

Fue una especie de humano desliz. Bueno, para qué vamos a engañarnos, fue una auténtica metedura de pata. Un escándalo social de tal envergadura que, para se hagan una idea, le ha obligado a dimitir de su cargo. Como lo leen.

Tantas y de tal entidad, han sido las acusaciones de sexismo que han caído sobre él y su afirmación. Les pongo en antecedentes.

En Corea del Sur
Todo ocurrió en un encuentro de periodismo científico que se celebraba a finales de la primavera pasada en Corea del Sur, y al que estaba invitado nuestro hombre como ponente.

Por lo visto, casi no había empezado a hablar en su intervención, cuando deslizó: “Dejadme deciros cuál es mi problema con las mujeres”. Para continuar con: “Ocurren tres cosas cuando están en un laboratorio: o te enamoras de ellas, o se enamoran de ti, y, cuando las críticas, lloran”.

Bueno, bueno, don Hunt. Qué callado se lo tenía, y durante cuánto tiempo ahora que lo pienso. Que tiene usted ya setenta y dos (72) años, muchos de ellos como profesor de la Facultad de Ciencias de la Vida de UCL.

¿Desde cuándo ese cuerpo alberga esa idea?

Naturalmente ni que decirles tengo que las respuestas a semejante comportamiento, en forma de rechazo público e inmediato, se desataron y él no tardó en disculparse.

Que si “soy un cerdo machista”, que dijo al poco. Que si “Siento haber dicho lo que dije. Fue muy estúpido”, que declaró en una entrevista en la emisora de radio BBC. Sí, es cierto que se disculpó. Pero no se disculpó del todo.

Porque mantuvo parte de lo que dijo.

Sostenella y no enmendalla
Y es que también afirmó: “Lamento de verdad la ofensa. Fue horrible, no la busqué, sólo quería ser honesto. Es muy importante poder criticar las ideas de la gente sin criticarles a ellos; si se ponen a llorar hacen que tiendas a frenarte y no decir toda la verdad” ¿Cómo?

Para después apuntillar con “...enamorarse es muy perturbador para la ciencia”.

¿Lo ven? ¿Ven el “amago disculpero”? ¿El "cambio de pie" en la carrera de huida? Es como la frase que intitula este apartado, como el ‘Sostenella y no enmendalla’ de los antiguos hidalgos.

Porque claro, si se piensa, ¿a qué clase de enamoramiento se refiere nuestro profesor? ¿Sólo al heterosexual que a él tanto le perturba, o incluye también al homosexual? ¿Significa que en un laboratorio tampoco pueden trabajar lesbianas y gais?

¿Cuál es el más perturbador, en su opinión, de los enamoramientos? Quedo a la espera de respuestas.



1 comentario :

Anónimo dijo...

¿Qué significa eso de parafraseando a Fray Luis de leon?