La igualdad entre hombres y mujeres serviría para crear una mejor ciencia.

Émilie du Châtelet, matemática y física francesa (1706-1749)

jueves, 3 de septiembre de 2015

Restauración del Cristo de las Mieles: “enfermedad del bronce” (y 2)

(Continuación) Por supuesto que se han eliminado las inestables producidas por los cloruros de cobre, “la enfermedad del bronce”, pero se han respetado las estables que dotan a la escultura de una variedad de tonos cromáticos que la embellecen.

Estas pátinas vienen a ser como la huella del paso del tiempo por la escultura y le aportan un valor histórico añadido a la obra. De modo que en el Cristo restaurado, podemos ver tonalidades marrones, verdes y azules.

¿Y qué fue del panal instalado por las abejas en el interior de la escultura?
Les decía que ya restaurado, podemos seguir viendo las tonalidades marrones, verdes y azules. Bueno pues ahora les digo que podemos verla a ellas y a algo más.

Algo más porque no todos los depósitos presentes en la escultura se han retirado. Con buen criterio se ha mantenido el panal de abejas de su interior.

Así que el prodigio de este fluido dulce y viscoso que es la miel -una mezcla formada, desde el punto de vista químico, por agua, fructosa, glucosa, sacarosa y maltosa entre otros azúcares; amen de proteínas y aminoácidos, vitaminas, enzimas y hormonas; ácidos inorgánicos y orgánicos, minerales y cenizas- se seguirá produciendo, me refiero a la miel, en el interior de la escultura.

Y el fenómeno de esta sustancia cayendo por el pecho del Hijo de Dios se seguirá produciendo. Pero no será un milagro. No.

Sólo será el fruto de unas trabajadoras abejas, realizado a partir del néctar de las flores, las secreciones de ciertas partes vivas de plantas y las excreciones de insectos chupadores de plantas.

Unos materiales que ellas recogen, hacen reaccionar con una enzima contenida en su saliva, la invertasa, y que almacenan en los panales.

Después sólo hay que dejar actuar a la naturaleza. Una naturaleza que es química de una parte y física de otra. Les hablo de la miel gravitatoria del camposanto sevillano.

Pero no sólo se ha restaurado la imagen del Cristo. Se ha hecho lo propio con el montículo sobre el que se alza.

Sobre montículo y alrededores
Como es natural, el paso del tiempo ha afectado también al estado de conservación del monte rocoso sobre el que está la escultura, y a sus alrededores. Y como es lógico se han restaurado.

Se ha hecho dejándolo a la vista pues, desde 1960 estaba oculto bajo una densa capa de hiedra.

De este modo no solo se recupera todo el simbolismo con el que el conjunto fue concebido a finales del XIX, sino que se elimina una posible causa de inestabilidad mecánica, originada por el gran crecimiento de la planta.

A realzar ese simbolismo iconográfico del conjunto, ayudará también el plan de jardinería llevado a cabo para recuperar las especies florales originales. En concreto las rosas, símbolo sevillano de la pasión.

Y por supuesto que también se ha restaurado la lápida mortuoria puesta a sus pies y que reza así

Antonio Susillo / Escultor sevillano / Autor de este Crucificado / 1857-1896

Por cierto, y a propósito de la fecha de nacimiento, nuevos estudios parecen haber detectado un error. Según el Registro Civil nació en 1855 y no en 1857. Así que murió con cuarenta y un (41) años y no con treinta y nueve (39).

Y no son los únicos datos novedosos encontrados sobre Antonio Susillo.



1 comentario :

un sevillano dijo...

Ayer precisamente escribía Antonio Burgos sobre este Cristo en ABC