Atribuyo mi éxito a esto. Nunca di ni tomé ninguna excusa.

Florence Nightingale
, enfermera estadística (1820-1910)

martes, 4 de agosto de 2015

Beagle 2 y 2015

En otra ocasión”.

Así acabábamos el lunes pasado con el que es el cuarto y último sucedido (por ahora), de esta historia entre musical y astronáutica a caballo entre dos siglos. Último en este negro sobre blanco si bien, cronológicamente, ocurrió antes que el tercero, el del FIB.

Beagle 2, que se perdió y fue hallada 
Un sucedido, el del hallazgo, que empezó cuando el pasado 12 de enero del 2015 la NASA informaba que, quizás, el aterrizador Beagle 2 había sido encontrado. Habían transcurrido más de diez (10) años desde que amartizara el 25 de diciembre 2004, y fuera dado por desaparecido ignorándose qué había pasado.

Y aunque seguimos sin saber que pasó, ahora por lo menos sabemos dónde está.

Tan sólo a unos seis kilómetros (6 km) del punto previsto en Isidis Planitia, una gran cuenca cerca del ecuador marciano. Y por las tres (3) imágenes de las que disponemos -gracias a la cámara HIRISE de la sonda estadounidense Mars Reconnaissance Orbiter (MRO)-, parece que está intacta y que tiene sus paneles solares parcialmente desplegados.

Es decir que a lo mejor no fue del todo un fracaso la Misión Mars Express. Lo previsto era que en una primera fase, la sonda Beagle 2, al ser dejada caer sobre Marte fuera frenada por la fricción de su atmósfera.

Con posterioridad, aproximadamente a un kilómetro (1 km) de la superficie marciana, y cuando la velocidad de caída se hubiera reducido a unos mil seiscientos kilómetros a la hora (1600 km/h), se abrirían unos paracaídas. Para que finalmente, se inflaran los airbags que amortiguarían el impacto con la superficie marciana.

Esa era la teoría, el cuaderno de ruta previsto.

Otra cosa es la práctica
Pero en la práctica se ve que algo debió fallar. O varios algos encadenados como algunos apuntan, y que hicieron fracasar la misión.

Claro que también están los que postulan la hipótesis según la cual, se cometieron errores de cálculo al entrar en la atmósfera marciana, que hicieron perder el control de la sonda.

En cualquier caso y al margen de las causas, existía cierto consenso en el mundo astronáutico respecto a las consecuencias. El aterrizador con todo su instrumental se habría destruido con el impacto.

Y con él se iba a pique una de las más ambiciosas colaboraciones entre la industria y las universidades británicas: el proyecto Mars Express de la Agencia Espacial Europea (ESA), el primero europeo de exploración de otro planeta.

Pero, ¿fue un fracaso?

Quizás no
Pues existen esperanzas de que no fuera así. Al menos del todo.

Para empezar, por su estado aparente, la sonda está intacta tras las fases de entrada, descenso y amartizaje. Lo que equivale a decir que no todo funcionó mal en esa Navidad de 2003.

Buena parte de esas fases estuvieron bien diseñadas e implementadas, aunque no es menos cierto que se ignora lo que pudo haber fallado para que se perdiera la conexión.

Por otro lado el funcionamiento de los diferentes equipos del proyecto hace albergar esperanzas científico-técnicas para nuevos viajes espaciales europeos. (Continuará)


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