No me podéis expulsar ¡Yo soy el surrealismo!

Salvador Dalí
, pintor surrealista español (1904-1989)

jueves, 20 de noviembre de 2014

Darmstadio viene de Darmstad


Así es. En esta ciudad se encuentra, desde hace más de cuatro décadas, el centro de investigación de iones pesados (Gesellschaft für Schwerionenforschung, GSI).

Institución donde, el pasado 9 de noviembre de 1994 -se han cumplido hace unos días veinte (20) años- fue creado por primera vez un nuevo elemento químico de número atómico 110.

A propósito de cumplimiento, abro paréntesis. Ese mismo día se celebra el Día Internacional del Inventor, y se hace en honor a la ingeniera, estrella de cine e inventora Hedy Lamarr (1914-2000).


La mujer más bella del mundo en los años cuarenta del siglo pasado y, como seguro el lector atento se habrá percatado, de quien este año celebramos también el centenario de su nacimiento. Bien, dicho queda y cierro paréntesis.

Un elemento químico les decía que es artificial o sintético, y que sus isótopos tienen unos periodos de semidesintegración (T) del orden de microsegundos (µs), lo implica que pocos átomos han podido ser sintetizados y que nunca haya sido visto alguno.

Es decir, que desde el punto de vista químico existe el elemento, pero no la sustancia simple. Ya saben los dos niveles: molecular y molar.

Historia intramuros del nombre
Aunque la Comisión de Nomenclatura de Química Inorgánica de la Unión Internacional de Química Pura y Aplicada (I.U.P.A.C.: International Union for Pure and Applied Chemistry) -por sus normas sistemáticas para la nomenclatura y simbología de los elementos químicos, de número atómico superior a cien (100)-, le tenía asignado el nombre de ununnilio y el símbolo Uun, a principios de siglo XXI esto cambió.

Y en agosto de 2003, en reconocimiento al lugar donde fue descubierto, Darmstadt, la misma IUPAC lo llamó darmstadio. Uno de los elementos pesados de la tabla periódica. Un nombre que, según una leyenda científica, pudo no haber sido.

Se cuenta en los mentideros de los laboratorios que se manejó otro, el de policium, dado que su número atómico era 110 y éste es el número telefónico de emergencias de la policía alemana.

¿Qué les parece, mito o realidad?

Nombres en busca de orígenes
Aclarada esta curiosidad química, volvamos con la Misión Rosetta, o mejor dicho, a los datos que el Philae nos ha mandado. Que ahora que lo nombro, y ya que estamos en busca de orígenes nominales, me doy cuenta que me he dejado algunos en el camino. Veamos.

Sabemos que la nave se llama así por la Piedra de Rosetta pero, ¿de dónde le viene el nombre a ésta? Por otro lado, no hemos apuntado ninguna idea sobre el origen del nombre del módulo.

Y tampoco hemos dicho nada de Agilkia, nombre de la zona donde, en teoría, debería acometizar el robot. Es más, ¿hay alguna relación entre ellos? Como ven hay de todo como en botica.

Empezaré por la piedra, yendo de la química a la arqueología.

Rosetta es el nombre que le dieron los franceses, durante la campaña militar de Napoleón en Egipto, a la ciudad de Rashid, que se hizo célebre por ser el lugar donde unos soldados franceses encontraron la piedra el 19 de julio de 1799; desde entonces la Piedra de Rosetta.

Así que Rosetta, como darmstadio, tienen nombre de ciudad.

Algo parecido, aunque no exactamente igual, es lo que ocurre con Philae y Agilkia sólo que entre ellos existe, además, un vínculo que los relaciona con Rosetta. Unos buenos nexos.

De Philae
La sonda que acometizó hace unos días lleva el nombre de Philae, por ser éste el de una isla en el río Nilo, en la que se encontró un obelisco con una inscripción bilingüe, que incluía los nombres de Cleopatra y Ptolomeo en jeroglíficos egipcios.

¿Ven el vínculo? Sí, verdad.

Fue con las inscripciones del obelisco de Philae y la piedra de Rosetta, con las que el filólogo y egiptólogo francés Jean-Francois Champollion (1790-1832), obtuvo las pistas que le permitieron descifrar los jeroglíficos.

Y, por ende, el acceso a buena parte de los secretos de la civilización del antiguo Egipto. Un auténtico adicto a este país, el tal Champollión. De hecho está considerado “el padre de la egiptología”. Por algo será.

Un buen nexo arqueológico, sin duda.



2 comentarios :

Adela Izquierdo dijo...

Tenía entendido que fue el científico inglés Thomas Young quien descifró los jeroglificos a partir de la piedra rosettta
¿Se trata de un error por mi parte?
Me gusta el blog y como escribe

Lourdes dijo...

Hasta el hallazgo en agosto de 1799 de la piedra Rosetta, el fragmento de una estela del año 196 a.C con la inscripción de un decreto del rey Ptolomeo V en jeroglífico, demótico (una variedad cursiva de los jeroglíficos) y griego clásico, todos los intentos por traducirlos fueron inútiles.



Comparando los cartuchos con los nombres reales (Ptolomeo, Cleopatra y Alejandro Magno, entre otros) que figuraban en ella, el británico Thomas Young y el francés Jean-François Champollion lograron descifrar algunos jeroglíficos, descubriendo que también funcionaban como signos alfabéticos (al menos cuando se usaban para escribir los nombres de monarcas extranjeros: la dinastía de los Ptolomeos era de origen griego). Un descubrimiento importante, aunque no lo aclaraba todo.

Fue Champollion quien en septiembre de 1822 dio con la clave definitiva para leer las antiguas inscripciones egipcias: el sistema jeroglífico es al mismo tiempo figurativo (1), simbólico (2) y fonético (3).