Un hombre que dedicase toda su vida a ello,
quizás lograra representarse una cuarta dimensión.

Henri Poincaré, filósofo y científico francés (1854-1912)

lunes, 17 de noviembre de 2014

Desmontando a la Viagra (y II)



...Monta tanto. La Viagra, o bien dicho el citrato, es una droga que revolucionó el panorama de la sexología en general, y de la sexualidad masculina en particular, ya que hizo realidad un sueño de siglos.

Disponer de un fármaco de administración sencilla, discreta e indolora, que permite a un hombre tener una erección, lo suficientemente prolongada, como para llevar a cabo un coito normal. Lo que no es poco. O sea.

Y por los datos de los que se disponen, parece que lo consigue con un alto grado de éxito terapéutico, y en disfunciones eréctiles de distintos orígenes. O sea que.


Disfunciones tanto emocionales (estrés, depresión, ansiedad), como fisiológicos (edad avanzada; problemas vasculares, hormonales o neurológicos; asociación con ciertas afecciones crónicas como la diabetes; etcétera.).

Así que todos contentos. Ellos por supuesto y ellas por suponer o supuestamente.

Esta es la segunda deconstrucción. La de su mítica aureola de milagro sexual.

¿Supuestamente ellas?
Pues sí ¿Quién lo iba imaginar, verdad? Pero así es. O al menos eso dicen algunas investigaciones realizadas al respecto.

Según los resultados obtenidos de las mismas, y en contra de lo que nos indica el sentido común, no todas las mujeres han acogido al rombo azul, con el mismo entusiasmo que sus parejas varones. Chocante, pero es así.

Dejando al margen (escapan de mis conocimientos) cuestiones médicas parejas al uso viagrero, como es el hecho de que cada vez más españoles -en perfecto estado de revista, ya me entienden-, tomen Viagra sin necesitarlo, sólo por curiosidad o pura diversión.

O el otro hecho contrastado. Desde que ésta irrumpió en el mercado, cada vez hay más hombres que creen haber enfermado de ya sabe usted qué. Lo que como se puede imaginar, se ha traducido en que se diagnostiquen más disfunciones eréctiles que nunca.

Pues bien, dejando estos y otros temas a un lado, resulta que la pastilla no causa tan entusiasta furor entre las mujeres de compañeros asiduos a ella. Más bien al contrario. Para ellas la pastilla está muy lejos de ser “la potencia en píldora”.

“La píldora de la idea fija”
Nada de potencia en píldora porque, según tengo leído, todos los estudios y encuestas que se han hecho al respecto han concluido que ellas, no se lo pasan bomba con el invento/descubrimiento. Sorprendente si lo pensamos.

Y aunque preguntadas por qué es así, en principio no tienen clara la razón, con posterioridad surgen un par de motivos.

Uno. Hay cierto consenso entre ellas a la hora de reconocer una sensación de pérdida: su propio protagonismo activo en el acto sexual. No les gusta que el hombre venga ya excitado y activado por la química sintética del fármaco.

Prefieren que sea la natural química hormonal femenina, la que provoque esa fenomenología.

Así que ven en la Viagra algo así como una rival que les hace sentir una especie de celos. De hecho, algunas mujeres la llegan a considerar “la otra”.

Estarán conmigo en que se trata de un interesante punto de vista, no solo sexual sino, psicológico.

Además, para ellas, el rombito azul tiene otro agravante. Dicen que hace olvidar a los hombres, que la penetración no lo es todo en el acto sexual. Otro motivo de descontento.

Puestos a comparar quejas femeninas en este asunto, si bien es cierto que se lamentan de la falta de respuesta genital por parte de sus parejas, no lo es menos que lo que más echan en falta es otra cosa.

La ausencia de pasión, de amor, de romance. De placer sensual, en definitiva.

Otro interesante punto de vista femenino, ahora, emocional y sentimental.

Viagra, un descubrimiento serendípico que empezó en un error farmacéutico.

Lo que nos devuelve a la cuestión del principio (casualidad y accidentalidad) y al papel que juegan cada uno en los descubrimientos




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