Desde que el hombre es hombre ha combatido sus problemas de salud de la misma manera, recurriendo a la naturaleza en busca de paliativos para sus enfermedades; sustancias procedentes del mundo mineral, vegetal o animal, humanos o no, y a las que otorgaban propiedades curativas.
Por lo que sabemos, a ellas recurrían para anular o aliviar el dolor con la esperanza de poder recuperarse físicamente empleando el empírico método del ensayo o la prueba.
Naturalmente, con el paso del tiempo, el hombre ha aprendido mucho y las sustancias que tomaba ‘in illo tempore’ poco tienen ya que ver con los medicamentos que nos administran en la actualidad, si bien el camino hasta entonces no ha sido ni fácil ni recto.
Para empezar, las sustancias que se empleaban en pócimas y ungüentos eran de los más variados orígenes naturales. Desde piedras preciosas como el ágata o el jaspe, usadas respectivamente para problemas en los ojos y contra las hemorroides.
Venta
ambulante y privada
Hasta diferentes
aguas minerales y sustancias animales o humanas como uñas, orina o sangre;
pasando por, y sobre todo, una gran variedad de plantas y frutos. Destacar en este sentido al médico griego Dioscórides
(40-90) y su tratado De
Materia Medica, muy difundido en el Occidente medieval, que incluía
fórmulas como la del ciclamen o el pan de puerco.
Una planta de la familia de las prímulas con la que se
elaboraban pócimas para tratar la ictericia, el dolor de cabeza, el
estreñimiento, las cataratas, la alopecia o el dolor de muelas; en teoría una
auténtica panacea propia de dioses, que sin embargo estaba en manos de curanderos
y ganapanes ambulantes y que ellos mismos fabricaban y vendían por las calles o
en sus propios domicilios.
Una costumbre comercial que con el tiempo dio lugar a la existencia estática de establecimientos donde los fabricaban, siguiendo las recetas prescritas por los médicos, y después dispensaban.
Boticas
monásticas
Estamos ante los boticarios medievales y las llamadas boticas,
auténticas precursoras de las modernas farmacias, cuyo origen está invariablemente
unido a conventos, monasterios y abadías. Un término, botica, de raíz
griega Apotheke (“depósito”, “almacén” o “tienda”), evolución latina Apotheca
y especialización española “botica”.
Y unos recintos eclesiásticos que a
menudo regentaban hospitales de pobres (hospitia pauperum), especie de
albergues de caridad que atendían a personas indigentes. (Continuará)
[*] Introduzcan en [Buscar en el blog] las palabras en negrilla y cursiva, si desean ampliar información sobre ellas.




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