sábado, 27 de noviembre de 2010

En el setenta y cinco aniversario de su muerte


En el otoño de 1935, Konstantín Tsiolkovski (1857-1935) físico e inventor ruso dejaba este mundo.

Es probable que los lectores atentos y avisados recuerden, que no hace ni un año y también por un motivo de coincidencia temporal, vino a este negro sobre blanco bloguero.

Es por lo que aprovecho esta nueva ocasión para recordarles algunos otros de sus logros.

Ya les adelanté que fueron sus geniales experimentos a inicios del siglo XX, realizados en un humilde sótano, los que mostraron al mundo que los viajes por el espacio eran viables.


Él fue el primero en demostrar la posibilidad de viajar a través del espacio extra-atmosférico utilizando la propulsión de cohetes.

Llegó a establecer la relación de masas en los cohetes, y la fórmula fundamental de la Astronáutica, como consecuencia de ésta.
Una idea, la de los cohetes propulsores, que no pocos negaban de forma pública por imposible. Ya se sabe que, a veces, la ignorancia es osada.

Fue el suyo un hallazgo que resultaría fundamental en el desarrollo de los viajes espaciales, que comenzarían a mediados del pasado siglo XX. No en vano constituyen el mecanismo teórico en el que se basan.

Por eso Konstantín Tsiolkovski está considerado como uno de los tres padres de la Astronáutica. O como dirían en su patria, la madre Rusia, de la Cosmonaútica. Que en todas partes hay variedad a la hora de llamar a las cosas.

Aseguran que publicó más de quinientos trabajo sobre este tema, de los que muchos de ellos no han sido llevados aún a la práctica. Está entre ellos uno espectacular, su proyecto de un ascensor espacial.

Se lo imagina. Un ascensor para subir al espacio. Sin duda, un proyecto de altura.

Me ha venido a la memoria una cita extraordinaria de Tsiolkovski, dice así: “La Tierra es la cuna de la humanidad, pero no podemos vivir para siempre en la cuna”. Una cita sorprendente e inquietante.

Por redondear la entrada sólo les citaré que los otros padres de la Astronáutica son Robert H. Goddard, (1882-1945) y Hermann Oberth (1894-1989).

De Goddard, también por motivos de aniversario tendremos que hablar en breve.

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