lunes, 19 de agosto de 2019

Apolo 11. Breve aproximación científico-técnica (26)

(Continuación) Con sus más y sus menos, hemos comentado las primeras palabras de Armstrong al pisar por primera vez la Luna, palabras que fueron transmitidas a la Tierra, escuchadas por millones de personas y a las que siguieron varios comentarios más. Nada fuera de lo corriente, los usuales entre astronautas y centro de control. Es una historia conocida que se encuentra recogida en cintas de grabación.
Lo que no es tan conocido, pretende pasar por historia, no tiene nada de corriente y no está grabado en ningún lado, es la supuesta expresión que, al término del primer paseo lunar y momentos antes de introducirse en la nave, al parecer el comandante pronunció un críptico balbuceo: “Buena suerte, Sr. Gorsky”.
3. “Good luck, Mr. Gorsky”
Unas palabras nada usuales en ese contexto científico-técnico, que durante casi 30 años han sido un misterio y que suscitaron preguntas del tipo: ¿qué significan? ¿a quién se refiere? ¿por qué lo dijo? En principio, y como suele ocurrir en situaciones parecidas, sólo hubo silencio oficial por respuesta, como si nadie supiera nada en teoría del asunto, pero lo cierto es que en la práctica, en los mentideros de la atónita NASA, las lenguas anabolenas no paraban de decir. Unas, otras y estotras.
En busca de explicaciones
Unas decían que en la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio, NASA, llegaron a pensar que podría tratarse de un comentario intrascendente, una especie de saludo a algún cosmonauta soviético amigo. O lo que es peor aún, fueron interpretadas como un mensaje secreto que el primer hombre que pisaba la Luna le daba a la entonces Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas URSS, en plena Guerra Fría con Estados Unidos. Preocupante, pero puede ser.
Sin embargo, tras comprobarlo, no se encontró ningún Gorsky en el programa espacial soviético, ni tampoco en el estadounidense. No existía nadie con ese apellido, así que el asunto empezaba a parecerse a un secreto lunar, de modo que lo que había ahora era un comentario misterioso dentro de un secreto astronáutico.
Otras contaban que cuando Armstrong era preguntado por el significado de sus palabras, él se limitaba siempre a esbozar una enigmática sonrisa y a cambiar sospechosamente rápido de tercio, dicho sea, en términos taurinos. Pues perfecto. Ahora tenemos un misterio dentro de un secreto y envuelto en un enigma. Y así el tiempo transcurrió y con su paso la leyenda de la frase creció. (Continuará).
[*] Introduzcan en [Buscar en el blog] las palabras en negrilla y cursiva, si desean ampliar información sobre ellas.


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