domingo, 14 de abril de 2019

Más hortensias (del desamor)

‘Memorias de mis putas tristes’ (Continuación). Lo que no está tan bien y puede llegar a engañar, es que aparece lo que no es tan esperable ni deseable. Un enorme error, un error de bulto, de esos que cometen los que confiesan ser “de letras” y que los números pues, que se le dan fatal. De esos va, ya que resulta que en su librito el maestro asegura que Jesús de Nazaret nació hace dos mil quinientos (2500) años, recuerden que la novela es de 2004. Ya se lo dije, un error alfanúmerico lo que no está nada bien, máxime siendo vos quien sois. Gabo ‘dixit’.
Lo malo es que eso no fue lo peor. Cuando se le hizo caer en el error de cálculo que había cometido, lejos de disculparse, se defendió diciendo que lo había pergeñado adrede. Alegó que como el libro se seguirá leyendo dentro de quinientos (500) años pues, “para entonces ya estaría actualizado el dato”. En fin, que el colombiano, como en el siglo XVII, se mantuvo en lo de ‘sostenella y no enmendalla’. No, si al final va a tener razón Vargas Llosa cuando dijo sobre él lo que dijo y cómo lo dijo. Pero dejémosla estar que ésa es otra historia. Mientras, nuestro enamorado, nonagenario y putero periodista, sigue con su virgen y adolescente putita, con la flor de su amor de burdel rebautizada: Delgadina. Hortensia, la puta.

Putas de Ámsterdam. Nunca he estado en Ámsterdam, pero los que allí han ido cuentan que, en esta ciudad de ambiente húmedo, salvaje y sexy, las putas se exhiben en unos escaparates con cortinilla de terciopelo. Allí dentro e iluminadas con luces rojas, esperan la llegada del cliente que las desee. Dicen que se muestran casi desnuda, arregladas con una ropa interior un tanto churrigueresca y con un aspecto alegre, opulento y lustroso. La escena me la imagino como una mezcla entre laboratorio fotográfico y carnicería de supermercado, y no tengo claro el porqué. Aunque quizás sea por lo de las rojas luces y lo que de expositorio de carne muerta, en este caso triste carne, tiene el negocio. Quizás.
Lo que sí pienso es que, en verdad, su piel debe tener ese color que sólo dan la oscura combinación de la noche y el hastío. Y que el neón rojo lo que hace es disimular sus patas de gallo y sus legañas de duermevelas. He leído que, al principio, pueden parecer muñecas inanimadas de lo poco que se mueven. Esto es por ahora, parte de lo que ocurre dentro del escaparate, pero fuera, en la calle también pasan cosas. Por lo general la gente las mira a distancia, y si se acercan al escaparate, lo hacen poco y con cuidado, como con miedo. Claro que, en ese caso, ellas ni caso, ni se inmutan. Saben que son solo curiosos. Pero si se acercan más, sin temor, como buscando ya sabe, entonces fruncen el morrito y se masajean los senos. Esos son potenciales clientes, y entonces vaya si se mueven, y se mueven más si ven que se deciden a entrar en el prostibulario. Es cuando corren la cortinilla de la luna del escaparate y se dejan hacer y les hacen lo que les pidan. Ésa es su profesión. Son putas de mancebía. Hortensias de Ámsterdam.

[Esta entrada fue publicada el sábado 23 de marzo de 2019, en el diario digital Rota al día]

1 comentario:

  1. Una línea de entrada muy diferente a las del resto del blog que me gusta. Enhorabuena por la variedad.

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