lunes, 23 de julio de 2018

Del peligroso instinto de los Miura. Hipótesis psicológica

(Continuación) Descartada ya en el primer tercio de varas por indocumentada la categoría de naturaleza histórica. Recuerden el “han matado más toreros que ninguna otra”, como explicación incierta del peligro cierto que el encaste tiene.
Y hecho lo propio en el segundo tercio de banderillas con la de naturaleza morfológica, por ser una fantasiosa peculiaridad morfológica, ya saben de la falacia del “tienen una vértebra de más”. Cambiemos una vez más de tercio, y ya en el de muerte, veamos si una tercera hipótesis psicológica nos puede aclarar algo sobre el peligro de este encaste Miura.
“Te mira y te pega una bofetada”
Un peligro que proviene de: a) su variable comportamiento en la plaza a lo largo de toda la lidia y en sus tres tercios, que les hace ser unos astados imprevisibles, cambiantes y nerviosos que exigen estar muy atentos a ellos porque, en cualquier momento, pueden manifestar actitudes inesperadas. Lo que nunca es bueno.
b) La rapidez con la que suelen reaccionar, tienen algo de látigo en la facilidad con que se revuelven, que les hace ser tan certeros y contundentes cuando alargan el cuello o ‘gaita’ para dar una cornada. Sin duda los miuras son de los toros más ágiles que existen y más difíciles de lidiar.
c) Pero lo que de verdad les diferencia es su psicología animal, una personalidad con reminiscencias ancestrales, complementada con una enorme capacidad para aprender mucho y pronto durante la lidia, debido al sentido y la listeza que desarrollan.
Eso al menos es lo que dicen los entendidos que de esto entienden, al manifestar que los que pastan en la dehesa de Zahariche reflejan con su escrutadora mirada, una listeza especial, una peculiar capacidad psicológica para darse cuenta de cuándo es dueño de la situación en la arena. Es como si con un simple giro de cabeza y gracias a su ‘agaitado’ cuello pasara revista a la tropa presente.
De modo que si el torero durante la lidia se achica, el miura se da cuenta y va por él como no lo hace ningún otro cornúpeta. No, los toreros no pueden dudar ni un solo segundo en la cara de los miuras pues “saben de qué va el toreo”.
Una especial agudeza y resabios para cuya justificación y explicación los pretendidos entendidos utilizan, tanto teóricos argumentos de transmisión oral, como empíricos conocimientos adquiridos en el ejercicio de la praxis. Pero el caso es que no disponemos aún de hipótesis sociales y de comportamiento al respecto, por lo que en el argumentario coexisten lo racional y lo irracional, lo real y lo imaginado, el saber académico y el popular.
Mejor les dejo con unas palabras del maestro Pepe Luis Vázquez (1921-2013): “Que no se dé cuenta de que le tienes miedo. Sobre todo que no se dé cuenta, porque entonces abusa de su poder y ya no tienes dónde meterte”. Pues eso, ojito que tiene usted un miura
Lo que no inhabilita la mayor, lidiar un toro de esta ganadería es todo un reto al alcance de muy, muy pocos matadores, por lo que les dije más arriba, lo saludas, te miran y ya te pegan una bofetada.
Lidia y toreo
Una ganadería que es tenida por algunos como paradigma de la bravura cuando en mi opinión, prescindible del todo por otra parte, si por algo se caracteriza es por todo lo contrario. Pero bueno, demos a este asunto un pase cambiado por la espalda y sigamos con lo nuestro. (Continuará)
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