lunes, 28 de diciembre de 2015

Primer cine público

El 28 de diciembre de 1895, ciento veinte (120) años los contemplan, y en el Salon Indien du Grand Café de París, en el número 14 del bulevar de los Capuchinos, tuvo lugar la que hasta el momento está considerada como la primera sesión de cine abierta al público.

Les hablo de la primera vez en la que se mostraban de forma pública imágenes en movimiento, o sea el cinematógrafo. Una nueva forma de captar y de ver el mundo, que terminó conquistando a la gente.

Aunque en realidad esa sesión del 28, no fue lo que se dice una auténtica primicia cinematográfica, ni lo que se vio en ella lo primero que se filmó. "Al César lo que es del César, y ... .

Lo adelanto porque es sabido que unos meses antes, se había exhibido una película en blanco y negro, con motivo de una exposición que la familia Lumiere realizó.

Lo hizo a efectos de dar publicidad a los progresos que había experimentado la técnica de la fotografía en color, en las postrimerías del siglo XIX. Pero esa es otra historia que merece ser contada en otro momento.

La que les traigo hoy, por mero oportunismo, habla de la primera sesión pública de cine, en la que se pudieron ver no menos de diez (10) películas mudas, de un minuto de duración aproximadamente cada una. Comenzaba el negocio del cine.

El negocio del cine
Una aventura empresarial que ya desde el punto de vista económico, no fue nada mal. Bueno, nada mal, según para quien. Mejor que me explique.

Resulta que la entrada costaba un franco (1fr) y en el contrato de alquiler que el propietario del Grand Café, muy cerca de la Ópera, firmó con los Lumiere, la verdad es que aquél no estuvo afortunado.

Como el mencionado Salon Indien era un local grande y espacioso, estaba situado en los sótanos del Grand Café, en un principio los hermanos le ofrecieron cobrar un veinte por ciento (20 %) de la taquilla.

Pero se ve que el señor propietario no le veía mucho futuro al asunto éste del cinematógrafo y prefirió ir a lo seguro. Propuso percibir una tarifa plana de treinta francos (30 fr) diarios. Más vale pájaro en mano..., se comprende que debió pensar.

Lo que terminó siendo un craso error. Por lo que es más que probable que lamentara, y mucho, su decisión. El cinematógrafo, claro que tenía futuro.

Ya el primer día la recaudación fue de treinta y cinco francos (35 fr), las mismas otras tantas personas que propagaron por toda la ciudad, la especie de milagro de la que habían sido testigos.

Y como seguro saben no hay mejor publicidad que la de boca a oreja.

Ésta suplió de forma eficaz y sobrada la falta de prensa de la época y pronto multitudes se congregaron para acceder a las proyecciones de los hermanos.

No había transcurrido ni un mes cuando la asistencia diaria llegaba a las tres mil (3000) personas. Y con ellas los ingresos por entrada superaban los dos mil francos (2000 fr) al día. No les digo más. (Continuará)


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