lunes, 28 de diciembre de 2015

Niños, juguetes y Navidad

Son tres palabras que juntas conforman para muchos, una terna inseparable y mágica que nos proporciona una imagen enternecedora.

Pocos humanos son capaces de no sucumbir al encanto que produce la cara de un niño cuando recibe sus regalos navideños sean de Papá Noel, de los Reyes Magos o de ambos, que ésa es otra.

El caso es que todos los años por estas fechas, sea el hombre gordo de las blancas barbas en la Nochebuena o los Magos de Oriente el día 6 de enero, llenan de ilusión la vida de los pequeños y la realidad de los adultos que los quieren.

Sin embargo...

Sin embargo no todos piensan así
Un joven padre me comentaba hace unos días que en su opinión, eso era un error. Que no es bueno para los niños hacerles creer y vivir esa fantasía, y que es mejor decirles la verdad desde el principio.

Él lo tenía claro. En este asunto trataría a su hijo como un adulto.

Así que no le mentiría engañándolo con la existencia de personajes mágicos como los navideños. Ni montaría la parafernalia de que un(os) ser(es) mágico(s) le(s) iba(n) a traer los regalos que pidiera.

De esta forma, me continuaba diciendo, le ayudaba al no hacerles creer que en esta vida se podía tener todo lo que se quisiera, sencillamente con el mero hecho de desearlo. Quizás pensaba en el consumismo, pero esto es una opinión mía.

Y por supuesto, con este comportamiento, no se convertiría en motivo de desconfianza hacia su hijo cuando, inevitablemente, se enterara de la realidad. Se ve que para él, la fantasía del presente inhabilitaría a su hijo para aceptar la realidad futura.

Tras escucharle le pregunté por la edad de su único hijo y me dijo que todavía era pequeño, tenía sólo un par de años. Así es, muy pequeño aún, pensé. Ya veremos cuando crezca, me dije para mí.

¿Y usted, qué piensa? ¿Hay que mantener esta fantasía? ¿Es realmente inseparable y mágica?

Ésa es la cuestión
Que dijo alguien ¿Negamos la mayor desde el principio o les hacemos creer en esa ilusión? Y si es así ¿Hasta cuándo se la mantenemos?

¿Qué es lo mejor para ellos?, que al fin y al cabo es lo único que importa.

Para empezar, tirando de recuerdos, los propios y los de mis hermanos, les diré que los que tengo sobre éste hecho son de disfrute, mientras duró.

Después, cuando nos fuimos enterando de la verdad por un compañero de clase o un amigo, nunca falta uno, buscamos confirmación en nuestra madre o hermano mayor. Y por lo general, al enterarnos no había ni enfado ni frustración. Más bien al contrario.

Porque el conocerla ayudaba a la afirmación de nuestra incipiente, y en vía de desarrollo, personalidad. Su conocimiento traía parejo el hecho de colaborar con nuestros padres en la organización y distribución de los regalos de los hermanos pequeños. Empezábamos a ser adultos.

¿Que a qué edad ocurría? Pues no se lo sabría decir. No recuerdo ni las de mis hermanos, ni la mía propia. (Continuará)


1 comentario:

  1. En casa la Navidad siempre se ha disfrutado un montón con la idea de los Reyes Magos, Papá Noel o el tió, la tradición típica de Catalunya. Creo que todas son cosas muy bonitas, no pienso renunciar a ellas!
    Isabel

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