jueves, 21 de febrero de 2013

El (asteroide) esperado y el (inesperado) meteorito (y 3)


(Continuación) Y fruto de las numerosas colisiones que se producen, entre las muchas rocas de diferente tamaño que lo constituyen, los restos de dichos choques migran, por efectos gravitatorios, desde ese cinturón hacia el interior del Sistema Solar.

Es más o menos lo que le pudo pasar al meteorito del pasado fin de semana. Este es el primero de los datos, el astronómico. Veamos ahora el ondulatorio.

Como sabemos desde los tiempos escolares, el sonido es la combinación de movimientos mecánicos (expansión y contracción) de un medio elástico, conocido como ondas de presión o de choque.


Unas ondas sónicas que se desplazan con velocidad constante (v = cte), por lo que se trata de un fenómeno ondulatorio que, desde el punto de vista cinemático, podemos calificar de movimiento uniforme (MU) y, desde el energético, como mecánico o material y no electromagnético.

Pues bien. De los trozos del meteorito que cayeron sobre tres regiones rusas (Chelyabinsk, Sverdlovsk y Tyumen) y Kazajistán, sabemos que produjeron un estallido similar al de un misil en el aire y un temblor en la tierra equivalente al de un terremoto.

Motivos más que suficientes para justificar el pánico que se desató entre la población local.

De hecho las ondas infrasónicas generadas por este meteorito, han sido las mayores registradas hasta ahora, por el sistema de vigilancia de la Organización del Tratado de Prohibición Completa de los Ensayos Nucleares (CTBTO). O sea.

Un dispositivo que, como es sabido, se encarga de vigilar que no se realicen pruebas nucleares.

Es más. La explosión fue detectada por diecisiete (17) estaciones de infrasonido de la red y la más lejana que la registró está en la Antártida, a unos quince mil kilómetros (15 000 km) del lugar de los hechos. O sea que bien.

Por cierto que me preguntan, por qué se oye un sonido tan fuerte justo cuando cayó el meteorito.

¿Por qué se oye un sonido tan fuerte, justo cuando cayó el meteorito?
Se trata de una pregunta de lo más intencionada, si tenemos en cuenta que el sonido se propaga en el aire a una velocidad media de 340 m/s; es decir, que tarda tres segundos (3 s) en recorrer un kilómetro (1 km).

Una limitación físico-cinemática que si lo piensa, hace del todo imposible que se pudiera oír el sonido del impacto, a kilómetros de distancia, justo en el momento de producirse. No. No puede ser.

No solo no puede ser, sino que además es imposible, que dijo aquél.

Lo que se oyó no fue la energía mecánica sonora del choque, sino la de algo que ocurrió unos instantes antes.

El sonido que se escucha en las grabaciones no es el producido por el impacto del meteorito contra el suelo. Ese sonido es la onda expansiva producida en la atmósfera, mientras el proyectil espacial la atraviesa deformando el aire a su paso. O sea que es anterior.

Es la propagación de ese aire, comprimido y expandido, el ruido que oímos cuando choca con el suelo.

Es esta misma onda sónica la que rompe los cristales y fachadas de los edificios que encuentra a su paso y acaba provocando centenares de damnificados.

Y aclarada la cuestión, continuemos con los daños.

Algunos daños colaterales
Es por esos impresionantes valores, sísmicos y sónicos, que les daba más arriba, que no resultan anómalos los números que acompañan a las desgracias originadas.

Y que nos hablan de diferentes daños materiales en más de tres mil setecientas (3700) viviendas y setecientas (700) instalaciones públicas. Amén de una superficie total de cristales rotos que alcanza los doscientos mil metros cuadrados (200 000 m2).

Son precisamente estos cristales rotos, y los ladrillos y piedras arrancadas de los edificios por la onda expansiva del proyectil espacial, los causantes de las heridas del más del millar de personas afectadas. La mayoría de ellos por cortes con los cristales de dichas ventanas rotas.

En conjunto, se calcula en veinticinco millones de euros (25 000 000 €) lo que costará reparar los daños que se han producido en las seis localidades afectadas.

Una situación grave que lo podría haber sido infinitamente más, si tenemos en cuenta que próximo al lugar del impacto se encuentran ubicados varios centros de combustibles nucleares.

Unas instalaciones que, afortunadamente, no se vieron afectados ni por el impacto ni por la onda expansiva del bólido sideral.

Y aunque se trate de la caída del mayor meteorito en más de un siglo, que es la frecuencia con la que este tipo de sucedido ocurre, la pregunta inevitable está ahí: ¿Cómo es que no se pudo prever? ¿Cómo no se vio llegar una roca espacial de quince metros de diámetro?

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