jueves, 15 de diciembre de 2011

Apolo XIII, la misión espacial (II)


(Continuación) Podrían corresponder a viejos meteoritos caídos en la Luna y no ser exactamente material genuino del satélite. Por lo que se antojaba necesario realizar una tercera toma de muestras.

De ella se encargaría la Apolo XIII que, en esta ocasión, alunizaría en un lugar más elevado, en la región del cráter Fra Mauro, en vez de en el Mar de la Tranquilidad y en el Océano de las Tempestades de las misiones anteriores.

Apolo XIII fue la misión número siete (7) del Programa Apolo con tripulación, que comenzó su travesía el 11 de abril de 1970 a las 13:13 h.

Por supuesto que entonces, ninguno de los tres tripulantes podía llegar a sospechar lo que iba a ocurrir.

Nadie se podía imaginar que esa misión terminaría convirtiéndose en una de las más complicadas de la serie Apolo y que, milagrosamente, lograrían salvar sus vidas.

Y eso que pistas había. Claro que eso se supo después. Pero problemas hubo.

Problemas previos
Como el del aislamiento térmico del tanque de helio He, que se utilizaría en la etapa de descenso del módulo lunar, y que fue detectado en las pruebas efectuadas antes del lanzamiento. Se resolvieron instalando unos sensores de presión en el tanque.

O la decisión que se tomó de que uno de los tanques que contenía el oxígeno O2 que respirarían los astronautas durante la misión no fuera nuevo.

Era de segunda mano ya que correspondía a la misión Apolo XI, de la que fue retirado debido a un desperfecto que sufrió. Enviado al fabricante fue readaptado, probado e instalado en el módulo de mando del Apolo XIII.

Sin embargo, en diferentes ensayos realizados con estos tanques de oxígeno, mostraron problemas para evaporar el oxígeno líquido. Una complicación que se decidió resolver utilizando resistencias eléctricas que calentarían su interior evaporando el oxígeno remanente.

Un efecto Joule factible gracias a la capacidad eléctrica de las baterías de la nave, que podía suministrar la corriente continua de sesenta y cinco voltios (65 V) durante ocho horas (8 h), necesaria para evaporar completamente el oxígeno.

Todo parecía funcionar a la perfección. Pero no fue durante mucho tiempo. Empezó a haber incidentes.

Los incidentes
Sí, incidentes en plural. Porque fueron al menos dos. Y el primero tuvo lugar bien pronto. Tan solo a los cinco minutos (5 min) de iniciado el vuelo.

Fue cuando los astronautas notaron una vibración y el motor central de la segunda etapa se apagó dos minutos (2 min) antes de lo programado.

Un apagón que motivó que los cuatro cohetes restantes tuviesen que funcionar casi diez segundos (10 s) más de lo previsto, para así colocar en órbita al Apolo XIII. (Continuará)

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