lunes, 25 de diciembre de 2023

Reliquias cristianas. Una aproximación escéptica

No es la primera vez que este tema aparece por estos predios, pero no es menos cierto que hace ya un tiempo que no viene por ellos, de modo que por oportunidad y frecuencia temporales toca; por si no le apetece o no tiene tiempo ahora de repasarlos, permítame un prontuario mínimo relativo al tema, respecto a la diferencia entre los términos religiosos cristianos: reliquia, icono y falsa reliquia. 

Reliquia: “Cuerpo de una persona santa, o parte de él, que es venerado. Se consideran también reliquias, los ropajes y objetos que pudieran haber pertenecido a dicha persona en cuestión o haber estado en contacto con él”.

Icono o ícono: “Toda aquella representación religiosa de Jesús, María, los santos, los ángeles, diferentes sucedidos bíblicos, etcétera, realizada por el hombre”. Quiero decir con ello que pueden serlo una pintura plana realizada sobre distintos soportes, pero también puede estar en relieve, hecho de metal, esculpido en piedra, bordado, fabricado en papel, un mosaico, un repujado, etcétera. De iconos tenemos llenas nuestras iglesias y templos.

Falsa reliquia: “Reliquia impostada, de manera consciente o inconsciente, por el hombre”. Ciencia y fe.

Objetos de culto y negocio

Por la documentación existente sabemos que el culto a las reliquias se remonta a los primeros años del cristianismo, como una consecuencia de las persecuciones sufridas por los mártires, unas reliquias alrededor de las cuales siempre ha planeado la sombra de una duda.

La de si tras ellas hay una realidad histórica y una base científica que pueda demostrar, como mínimo, su antigüedad o, si simplemente, son fruto de la devoción desmedida o de lo que es peor aún, de ganapanes vendedores de humo que quisieron sacar algún provecho económico.

Dado que se les atribuían facultades milagreras, pronto se convirtieron en objeto de prestigio para el lugar donde eran veneradas y una importarte fuente de ingresos procedente de los peregrinos que allí acudían en busca del supuesto milagro.

Devoción, milagros e ingresos económicos, los requisitos necesarios para que pícaros y estafadores montaran sus negocios alrededor, y donde también estaba la propia Iglesia que alimentaba su comercio al autorizar, desde el siglo IV, la fragmentación de los cuerpos de los santos para venderlos; eso sí, antes se preocupó por difundir que, por pequeño que fuera el fragmento, mantenía su virtud y facultades milagrosas.

Todo un negocio que duró hasta el siglo XIII en el que en el Concilio de Letrán se prohibió el comercio y la veneración de reliquias sin “certificado de autenticidad” que expendía, ya se lo puede imaginar, únicamente la Iglesia. (Continuará)

[*] Introduzcan en [Buscar en el blog] las palabras en negrilla y cursiva, si desean ampliar información sobre ellas.

 

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