domingo, 22 de abril de 2018

De las lunas de Júpiter (1)

Con cuatro meses de retraso doy respuesta a una cuestión planteada en un tatuaje y por cuyo diseño artístico-científico les inquiría. Se trata del número 280 de la categoría y en él les preguntaba: “¿Qué imagen científica comparte la señorita del tatuaje?”.

Creo sin temor a equivocarme, la fotografía no es la mejor de las posibles, que el tatuaje realizado en tinta negra y gris, forma parte del dibujo que el pisano Galileo Galilei realizó en 1610 de cuatro de los satélites del planeta Júpiter, los únicos que por aquel entonces le permitieron ver la baja potencia de su telescopio y que hoy son conocidos como satélites galileanos.
Satélites galileanos
Todo empezó cuando Galileo, la noche del 7 de enero de 1610 del casi recién instaurado calendario gregoriano, enfocó su rudimentario telescopio de cincuenta (50) aumentos hacia el planeta Júpiter y para su sorpresa vio, lo que él supuso tres (3) estrellas alineadas con el planeta.

No es que le diera mucha importancia pero siguió observándolas las noches siguientes, y la del 13 de enero descubrió una cuarta.
Y como a veces estos cuerpos celestes aparecían alineados en el ecuador, optó por nombrarlas con números romanos en orden de cercanía al planeta, así que: Júpiter I, II, III y IV. Pero las observaciones continuaron una semana más y entonces descubrió algo del todo sorprendente.
Durante esas dos semanas los cuatro (4) cuerpos permanecieron cerca de Júpiter de modo que sí, se movían, pero manteniendo siempre la misma distancia al planeta, es decir que orbitaban alrededor de él. Luego si no eran estrellas, no podían serlo con esas trayectorias ¿qué eran entonces? Pues blanco y en botella, eran satélites nada menos que los primeros objetos celestes detectados por el hombre que orbitaban a un cuerpo diferente a la Tierra o al Sol. Lo nunca visto.
‘Sidereus nuncius’
Tras confirmar las asombrosas observaciones durante tres meses, no todo en el universo gira alrededor de nuestro planeta o estrella, Galileo se decidió a publicarlas en marzo de ese mismo año (1610), en un pequeño tratado escrito en latín con el nombre de Sidereus nuncius.

Aparecían junto a otras que ya había realizado de la Luna, otros planetas y estrellas, y sin duda se trata del primer documento científico astronómico basado en observaciones realizadas con un telescopio. Estamos en el umbral de la astronomía moderna y el principio del fin de la teoría geocéntrica, juzguen si no, leyendo al propio autor:
“Debo revelar y hacer público al mundo la ocasión del descubrimiento y observación de cuatro Planetas, nunca vistos desde el principio del mundo hasta nuestros días, sus posiciones, y las observaciones hechas durante los dos últimos meses de sus movimientos y sus cambios de magnitud; y yo convoco a todos los astrónomos que apliquen su examen y determinen sus períodos, que no me ha sido permitido conseguir hasta la fecha... (Continuará)
[*] Introduzcan en [Buscar en el blog] las palabras en negrilla y cursiva, si desean ampliar información sobre ellas.


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