jueves, 7 de septiembre de 2017

“¿No opina profesor, que deberíamos tener un hijo juntos?” (y 2)

(Continuación) J. Plesh (1878-1957), patólogo y su médico personal y amigo dejó escrito: “En la elección de sus amantes no hacía grandes distinciones, pero se sentía más atraído por una rotunda hija de la naturaleza que por una sutil mujer de sociedad”
Coherente por tanto con la hipótesis de la relación meriliana. Claro que también dijo: “A Einstein le chiflaban las mujeres y cuanto más vulgares, sudorosas y malolientes eran, mejor”. Esto mejor lo juzgan ustedes, si no les importa. Por mi parte, sin comentario.
Por último, parece ser que existe una prueba documental de la relación. Al fallecer la actriz, entre sus pertenencias, se encontró una foto del sabio con la siguiente dedicatoria al pie de la misma: “A Marilyn, con mi respeto, amor y agradecimiento, Albert Einstein”.
¡Vaya, vaya! ¿Albert Einstein agradecido a Marilyn Monroe? Vale lo de “con mi respeto”, también con lo de mi “amor”, pero “¿agradecimiento?” ¿Por qué le estaba Albert agradecido a Marilyn? Estarán conmigo que se trata de un más que inquietante sentimiento. Aunque por otro lado, tal vez resulte demasiado explícito como para significar algo.
Otras historias
Ahora que recuerdo, en los mentideros de la historia se cuenta un sucedido en términos muy parecidos a éste. Tengo dos versiones, ambas con el mismo destinatario, el nobel escritor irlandés George Bernard Shaw (1856-1950), pero con remitentes diferentes.
En la primera es la bailarina Isadora Duncan (1877-1927) quien supuestamente le dice a Bernard “Usted y yo deberíamos tener hijos. Tendrían mi belleza y su inteligencia”, a lo que él contestó con un rápido y bífido: “Mejor si no los tenemos, por si acaso nacen con mi belleza y su inteligencia”.
De todos es sabido que Shaw era un hombre tan feo como talentoso e ingenioso.
En la segunda de las versiones es una anónima dama de la 'alta sociedad', al parecer tan bella como inculta y frívola, la que en una reunión le vino a decir: “Mr. Shaw, imagínese. Un hijo nuestro sería perfecto, ya que heredaría su inteligencia y mi belleza”.

La respuesta no tardó en llegar en forma de vibórica frase: “Señora, me honra con su ofrecimiento, pero no puedo correr el riesgo de que ese niño herede la inteligencia de usted y mi belleza”.
“E se non e vero, e ben trovato”
Ya me han leído en más de una ocasión este proverbio italiano (Y si no es verdad, está bien traído), que a mi entender refleja lo mollar del asunto. En realidad no deja de ser una anécdota, tan sólo una bella historia, de la que poco importa que sea cierta o no.
Porque lo que realmente prima de ella no es la forma sino el fondo es decir, el mensaje. Pues eso. Si no es verdad, está bien inventado. Totalmente de acuerdo.



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