viernes, 11 de agosto de 2017

‘Mary Had a Little Lamb’ (y 2)

Y tanto que pasan.
Con tan sólo veintinueve (29) años Edison amasaba ya una considerable fortuna y se había rodeado de un equipo excepcional de colaboradores del que sólo les diré, para que se hagan una idea del ambiente que allí reinaba, la máxima del laboratorio: “Hay un sistema mejor. Encuéntralo”.
Por supuesto se casó con su novia, sorda de nacimiento, a la que enseñó el código Morse, lenguaje en el que le declaró su amor, golpeando suavemente su mano. Al parecer ella le dio el sí de igual forma.
Inventos y más inventos
Por aquel entonces nuestro hombre trabajaba en la idea de dar más rapidez a la transmisión de mensajes, y en 1887 inventó una máquina que transmitía el código Morse en cinta de papel perforada. Cuenta él mismo que fue al pasarla a alta velocidad, cuando oyó lo que el describió como “una conversación humana”.

Y eso le dio la idea. Si el sonido produce vibraciones, las vibraciones pueden producir sonidos. Dicho y hecho. A finales de ese mismo año mandó construir un cilindro recubierto de estaño (Sn), sobre el que descansaba una aguja flotante que vibraba por el sonido que le llegaba desde una bocina con diafragma.
Fue en esa bocina en la que Edison, a la vez que hacia rotar el cilindro, recitó: “Mary had a little lamb”. Las vibraciones del diafragma producidas por el sonido, marcaron un surco sobre el blando estaño del cilindro. Después colocó la aguja al principio, lo hizo girar de nuevo et voilà.
Se pudieron oír las palabras que había pronunciado minutos antes. Las vibraciones registradas en los surcos del papel hacían vibrar el diafragma generando sonido. Sin duda Edison era un mago. Pero un mago práctico porque el 19 de febrero de 1878 ya lo tenía patentado y no quedó ahí la cosa.
Pensando en darle publicidad al ingenio, no tardó en mandárselo al afamado poeta posromántico inglés Alfred Tennyson (1809-1892), para que grabara sus melancólicos versos, a través del cuerno del cilindro rodante que ya eran de cera.

Todo un destello de visión comercial que, por desgracia para el inventor, no llegó a buen puerto debido a que ya había aparecido el gramófono con discos planos en lugar de cilindros. El avance que no cesa, como el rayo.
Inventor que no científico
Para muchos, en puridad, Edison no fue un científico y se basan para realizar tal afirmación, en su escasa aportación en ciencias. Su único descubrimiento científico es el efecto termoeléctrico o efecto Edison, la emisión de electrones que un filamento metálico produce cuando está caliente y que pueden ser atraídos hacia un electrodo positivo, todo ello dentro de un tubo de vacío.
Una experiencia en la que no vio ninguna utilidad, por lo que se limitó a patentarlo, sin más. Lo que no deja de ser paradójico porque el efecto Edison, posibilitó el explosivo desarrollo de la electrónica que hoy en día disfrutamos.

Cosas que pasan también.

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