martes, 22 de agosto de 2017

¿Existe la Ciencia Bizarra? Científicos siglo XX

(Continuación) Compañero de la genial superestrella, pero sin tanta fama y relevancia social como él, destaca sobre todos el ¿supersticioso? físico Bohr, quien como saben pergeñó el diseño del modelo atómico más conocido a nivel escolar, a la vez que puso no pocos ladrillos en el edificio de la mecánica cuántica.
Conocidas son la anécdota ¿apócrifa? de la herradura colgada en la pared y la historia de la ocultación de la medalla nobel. Así como sus conversaciones a nivel de estado y, por supuesto, sus jugosas disputas físico-lógicas einstenianas.
Les hablé al principio de Hipatia la primera mártir de la ciencia, pues bien, con el lapsus de algunos siglos les traigo ahora un hombre que murió muy joven, con sólo veintisiete (27) años, durante la Primera Guerra Mundial.
Se trata del físico y químico inglés Moseley, que en la batalla de Galípoli fue alcanzado en la cabeza por un francotirador mientras estaba telegrafiando una orden. Sus cortas investigaciones ayudaron no obstante y de forma definitiva a comprender el concepto de número atómico, mediante la ley que lleva su nombre.
Y de un joven valiente a todo un maduro aficionado a las mujeres, el austríaco Schroedinger, el arquitecto del edificio de la mecánica cuántica. Eso en el terreno científico porque como hombre fue, lo que podríamos llamar un amante en serie, conocido por sus públicos y notorios tríos amorosos.
Bueno por eso y por su famosa ecuación de conservación de la energía para ondas, claro. Al César lo que es del César y...
No quisiera despedirme del siglo XIX sin citarles al menos un científico perteneciente a la nobleza. Me refiero al príncipe de Broglie, relacionado con la naturaleza ondulatoria del electrón, una de las caras de su dualidad como partícula elemental.
A uno aristocrático y a otro gafe. Sí como lo leen porque Pauli, se trata de él de quién si no, no es que fuera un torpe experimentador en el laboratorio, no, él iba más allá. Era gafe. Es más, era el paradigma del gafismo y su fama le precedía.
Siglo XX
Lo inauguramos con el nuclear e italiano Fermi y su supuesto y curioso problema sobre el cálculo de, sorpréndanse, cuántos afinadores de piano existen en la ciudad de Chicago. No, no es broma. De hecho está documentado que incluso dio una solución al problema.
Seguido del lacónico y retraído, ¿autista, quizás? -éste sí que vivía en su torre de marfil, ya me entienden-, Dirac. El primer hombre en fusionar mecánica cuántica y relatividad especial, dos de las grandes teorías del siglo XX.
Y cómo no nombrar al polifacético físico teórico Feynman, además de músico, dibujante, alcohólico, polémico, mujeriego y un largo etcétera. Tan largo que, hay tanto que contar de él, que mejor no les digo ahora nada. Feynmann es lo que se dice un capítulo aparte.
Como aparte quedan las primatólogas y famosas “chicas Leakey”, a saber: la Goodall, “la chica de los chimpancés”; la Fossey, “la chica de los gorilas” y la Galdikas o “lady Orangután”. (Continuará)


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