martes, 4 de julio de 2017

“Haec Diophantus habet tumulum, ...” (y 2)

(Continuación) Unos tres (3) siglos después de lo de Euler, en 1995, dicha demostración fue publicada por los matemáticos británicos A. Wiles (1953) y R. Taylor (1962). O sea que. Y me vuelvo con el griego.
Aportaciones diofánticas
Al sabio heleno le debemos el álgebra simbólica, con el uso y manejo de incógnitas (cantidad desconocida) mediante un símbolo que llamó ‘aritmos’, y el empleo de una abreviatura para la palabra “igual”.
Lo que, a poco que recuerde los tiempos escolares, sin duda vino a representar un paso muy importante hacia nuestra actual álgebra simbólica.
De él es de quien toman nombre esas ecuaciones con dos o más variables, coeficientes enteros y de las que exigimos soluciones también enteras, que son conocidas como ecuaciones diofánticas.
De Diofanto es también una de las primeras concepciones abstractas del concepto de número, siendo además el primer griego que consideró los quebrados como tales. No olvidemos que estamos en un estadio de las matemáticas en el que aún no existían ni el cero ni los números negativos.
Con razón nuestro hombre está considerado como “Padre del Álgebra”. Y es que es mucho lo que nos mostró y enseñó de sus amplios, amplios, conocimientos.
Epitafio
Todo lo contrario de lo que ocurrió con su larga vida. De la que sólo sabemos lo que, al parecer, un alumno escribió en su tumba, a manera de epitafio: “Hic Diophantus habet tumulum, qui tempora vitae…”. Una buena muestra de fusión entre matemáticas y lenguaje, expuesto en forma de problema y del que una traducción podría ser:
“¡Caminante! Aquí yacen los restos de Diofanto. Los números pueden mostrar, ¡oh maravilla! la duración de su vida, cuya sexta parte constituyó la hermosa infancia. Había transcurrido además un doceavo de su vida cuando se cubrió de vello su barba.
A partir de ahí, la séptima parte de existencia transcurrió en un matrimonio estéril.
Pasó, además, un quinquenio y entonces le hizo dichoso el nacimiento de su primogénito. Este entregó su cuerpo y su hermosa existencia a la tierra, habiendo vivido la mitad de lo que su padre llegó a vivir.
Por su parte Diofanto descendió a la sepultura con profunda pena habiendo sobrevivido cuatro años a su hijo. Dime, caminante, cuántos años vivió Diofanto hasta que le llegó la muerte.”
Y hasta aquí le voy a contar. Tras la lectura del epitafio-problema, de usted es la responsabilidad de las respuestas a estas dos preguntas: ¿A qué edad murió Diofanto? ¿Cuántos años vivió su hijo?
Son preguntas en busca de respuestas, que bien les podía haber planteado en la categoría de Pasatiempos.



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