sábado, 1 de julio de 2017

Cajeros automáticos y radiactividad

Para empezar se instalaron seis (6) máquinas en distintas localidades de la periferia de la capital británica de las que, como bien saben, la primera en entrar en funcionamiento fue la de la oficina de Enfield, el 27 de junio de 1967. El día que nos ha traído hasta aquí.
Y por la documentación existente sabemos que desde ese primer día, en dichas sucursales se empezó a ver un comportamiento nuevo y extraño en algunos de sus clientes. Resulta que entraban en el banco y adquirían un cheque, con el que salían para introducirlo en el cajero que estaba en la fachada.
Tras ser reconocido el cheque por el terminal gracias a su impregnación radiactiva, a continuación tecleaban cuatro (4) dígitos que solo ellos conocían y, en pocos segundos, se obraba el milagro. La máquina les entregaba la cantidad fija de diez libras esterlinas (10 £), en concreto diez (10) billetes de una libra (1 £)
¿Podía haber mayor modernidad que esa? ¿No estaba cerca del milagro? ¿Hasta dónde podría llegar el hombre? ¿Lo haría a la Luna, o más allá?
Como se pueden imaginar, si bien al principio hubo algún que otro problema de vandalismo, en poco tiempo el invento del cajero fue todo un éxito para la entidad bancaria que supuso, no ya una revolución en la estructura bancaria de la época, algo del todo inevitable y previsible, sino también un cambio drástico en la forma de relacionarse el hombre con el dinero.
Algo inevitable también pero quizás no tan previsible, es tan compleja la ciencia de la sociología.
Del cheque y la radiactividad
Del cheque ya saben que estaban previamente emitidos por la entidad Barclays, que tenían un valor determinado y máximo de diez libras esterlinas (10 £), que se adquiría en la oficina del banco que en el mismo momento de la entrega te descontaba dicha cantidad de tu cuenta, y que estaban impregados de una sustancia radiactiva a base del isótopo 14 del elemento carbono (C).
Una actividad nada peligrosa, sobre la que Shepherd-Barron intentó despejar toda duda cuando, en cierta ocasión manifestó: “Tendría que comerme más de 136 000 cheques de este tipo, para que tuvieran algún efecto sobre mi salud”. Bien.
Y poco más que añadir por mi parte. Del elemento químico carbono-14 y del fenómeno de la radiactividad hay numerosos enroques así que no les canso, y de cómo ha evolucionado la tecnología desde los tiempos del DACS, seguro que saben ustedes mucho más que yo.
Como nos dice la letra zarzuelera la ciencia avanza avanza que es una barbaridad, aunque en realidad lo hace a un ritmo vertiginoso. Hace medio siglo no existían los cajeros automáticos y en la actualidad hay, ¿cuántos millones?
Y en el ínterin nos hemos habituado a las tarjetas de crédito, a la banca electrónica, a comprar por internet e incluso al pago directo a través del móvil. Lo dicho, la ciencia avanza que...



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