jueves, 29 de junio de 2017

Shepherd-Barron y su retraso en el banco

Ya les he contado buena parte de la historia del invento del cajero automático y su puesta en marcha en el verano de 1967.
A propósito de la fecha si me lo permiten, abro un inciso vinculante y musical. Seguro que habrán caído en él, pero por si no es así, se trata del mismo año en el que, y tan solo veintiséis (26) días antes, el cuarteto de Liverpool publicaba el disco con el que revolucionarían el rock.
Uno que no necesita presentación, el lisérgico y psicodélico ‘Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band’. Recuerden que fue el 1 de junio y tenía mucha tela enrocada que cortar, tela del telón. Cierro inciso.
Y vuelvo con el cajero, del que ahora les completo algunos detalles curiosos y bizarros, que vienen a ser como precuelas y secuelas del mismo. Empecemos por donde se debe, por el principio.
Historia de un retraso
Todo apunta a que en realidad la historia se inicia un par de años antes cuando, en una mañana sabatina de 1965, el ingeniero John Shepherd-Barron que por aquel entonces vivía en el campo, decidió acercarse a Londres para sacar dinero en efectivo de su sucursal bancaria. Normal.
Pero hete aquí que lo hizo con la fatalidad de llegar tarde a la ventanilla de la oficina, un sucedido que le puede ocurrir a cualquiera. En su descargo él cuenta que se retrasó tan sólo un minuto, vamos que llegó a las 12:31 pm y que las ventanillas de atención al público cerraban a las 12:30 pm. Estas cosas pasan.
Ya, claro que sí y puede que así fuera. O no. Lo digo porque eso mismo es lo que cualquiera de nosotros hubiéramos dicho en las mismas circunstancias. O sea, que vaya usted a saber. El caso es que, llegara en el minuto que llegara, el buen hombre se encontraba en un apuro. Necesitaba dinero en efectivo para el fin de semana y no lo podía sacar del banco.
Menos mal que, al parecer, el dueño del garaje donde solía llevar su coche le pudo resolver la papeleta, al hacerle efectivo un cheque que le entregó a cambio. Asunto económico resuelto. Está claro que hay que tener amigos en todas partes.
Como claro está que cualquiera de nosotros se hubiera quedado ahí, en la particular y parcial solución monetaria de John. Ya, cualquiera de nosotros, pero no nuestro hombre.
Por lo que él mismo cuenta, esa misma noche se puso a pergeñar en busca de una solución para que nunca más, nadie tuviera que depender del rígido horario de oficina bancario, a la hora de poder disponer de su dinero. Y no es que le resultara fácil, no, sabido es que la genialidad es un coctel que se compone de un 1% de inspiración y un 99% de transpiración.
Pero como alguien dijo, y es verdad, que la suerte ayuda a las mentes preparadas, al ingeniero, a base de darles muchas vueltas al asunto, se le vino la imagen de las máquinas expendedoras de chocolatinas, frutas, chicles y caramelos. Ya saben, esas que a cualquier hora nos facilitan el producto deseado, con solo insertar una moneda y accionar una palanca.
¿Por qué no iba a ser lo mismo con el dinero?, se dijo. Dicho y hecho. Se había puesto en acción el germen del cajero automático.


1 comentario:

  1. Sorprendente la forma en la que mezcla y relaciona los temas. No sé si me gusta.

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