viernes, 8 de abril de 2016

Precesión de Mercurio. Newton y la TGU (y 5)

(Continuación) A pesar de estas circunstancias, todas encaminadas a realizar el mejor de los barridos sistemáticos de las inmediaciones solares, éste no se pudo llevar a cabo debido a la extensa corona solar que se formó.

Que como ya les he contado en otra ocasión es su capa más externa.

Una especie de "atmósfera" que lo envuelve de más de un millón de kilómetros (1 000 000 km) de altura y compuesta de una mezcla de gases ionizados.

Es decir que está en estado de plasma y que en absoluto es estática.

El caso es que las observaciones que se realizaron ese día estival de 1878, no fueron resolutivas al no estar claras las imágenes que se obtuvieron.

De modo que esa falta de claridad propició que se realizaran todo tipo de interpretaciones de las mismas.

Hubo quienes llegaron a confirmar que el planeta era de color rojo o incluso que habían observado no uno, sino dos planetas intramercuriales ¿No quieres caldo?, pues dos tazas.

Un doble error, claro. En la actualidad sabemos que se trataban de las estrellas Theta Cancri A y Zeta Cancri B, estrellas binarias en la constelación de Cáncer.

Fin del presunto Vulcano
Seis (6) años después, durante un nuevo eclipse solar total en 1883 y a pesar de las mejoras técnicas de los instrumentos ópticos y de los nuevos métodos de observación, no se pudo observar ni rastro de Vulcano.

Por lo que hubo que seguir el rastro del valor de las pruebas o de su ausencia en este caso.

Así que fin de la búsqueda, y descarte oficial de la hipótesis sobre la existencia del planeta predicho por Le Verrier.

De quien les diré que entre otros reconocimientos, su nombre está grabado en la Torre Eiffel formando parte de una lista de setenta y dos (72) sabios franceses que aparecen en ella.

Si van y lo buscan lo encontrarán, está allí.

El que no encontrarán por más que lo busquen, es el de Marie-Sophie Germain. El suyo no está y no es por falta de méritos. No. Su único demérito fue ser mujer. Ya ven.

Adenda vulcaniana
No obstante la ola de falsos descubrimientos vulcanitas, aunque cada vez con menos intensidad, duraron durante casi treinta años más, porque algo era evidente.

El corrimiento perihélico de Mercurio era una realidad incuestionable, para la que la mecánica newtoniana no tenía explicación.

¿Cuál era el motivo de la precesión de su perihelio? ¿Qué teoría gravitatoria lo podía explicar?

No se trataba de un asunto menor ni era éste un tema superfluo, en las ciencias de las postrimerías del siglo XIX. De hecho a comienzos del siglo XX, esta limitación de la mecánica gravitatoria traía de cabeza a los científicos.

Aunque no tuvieron que esperar mucho para tener un respuesta satisfactoria desde el campo de la ciencia. Justo hasta 1915.

Eso sí, la respuesta fue una genialidad. Pero esa es otra historia, una relativista que debe ser contada en mejor ocasión. Hablamos ya de Física Moderna.



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