martes, 5 de abril de 2016

Perihelio de Mercurio. Newton y la TGU (2)

(Continuación) De ahí que se plantearan que podían ser debidas a la existencia de un nuevo planeta exterior desconocido hasta el momento. Y aplicaron las leyes de la mecánica newtoniana y las matemáticas para conocer su trayectoria y posición en cada momento.

No es que se pusieran ellos personalmente a escrutar los cielos, no pasaron las cosas así. La historia es algo más compleja y larga como para ser explicada aquí.

Lo que cuenta en definitiva es que Le Verrier escribió una carta al astrónomo alemán Johann Gottfried Galle (1812-1910) que le llegó el 23 de septiembre de 1846.

En ella le decía que observase cierta región del cielo en la que, según sus cálculos, debería encontrarse un nuevo planeta. Sí. El causante de las perturbaciones observadas en la órbita de Urano.

Dicho y hecho.

Esa misma noche Galle enfocaba su telescopio y descubría a Neptuno, justo donde Le Verrier le había predicho que se encontraría. Un éxito más del gran Isaac Newton.

Continuación del paréntesis sabihondo
Aunque no fue ésta la primera vez que el ser humano observaba a Neptuno. Con anterioridad, también el gran Galileo Galilei (1564-1642) se había percatado de su presencia como una estrella de fondo.

Lo sabemos por sus notas del 24 de diciembre de 1612 y 28 enero de 1613, donde aparece reflejado en posición aparente cerca de Júpiter. Lo que este  pisano no viera...

En lo que respecta al nombre del planeta, decir que Le Verrier se opuso a que llevara su nombre y exigió que se mantuviera la tradición astronómica. Que hasta ese momento no era otra que la de emplear nombres de dioses griegos.

Todo un clásico.

Como Urano no tenía más ascendientes y era el padre de Saturno que a su vez lo era de Júpiter, se escogió el nombre de Neptuno o sea Poseidón, dios de los mares y uno de los hermanos de Júpiter o lo que es lo mismo, Zeus.

Ya de la que va recordar que, de acuerdo a la mitología griega, el otro hermano de Júpiter es Plutón o Hades, dios de los infiernos y nombre del que fue último de los planetas del Sistema Solar. Que como bien sabe, desde 2006 ya no lo es.

Quiero decir que no es un planeta. En la actualidad pertenece a una nueva categoría llamada plutoide y a otra de nombre plutino, donde se incluyen a los objetos transneptunianos. Una década ya desde entonces.

Ahora sí, cierro paréntesis sabihondo.

Precesión mercúrica, Le Verrier y Vulcano
Y sigo con la limitación explicativa de la mecánica newtoniana para con el perihelio mercúrico. A saber.

Si dicha teoría gravitatoria podía explicar la precesión de los otros planetas del sistema solar, ¿por qué no era así con Mercurio? Es ahora cuando hace su entrada por la puerta grande en esta historia, nuestro matemático y neptuniano francés.

Es posible que quizás, animado y espoleado por su exitoso descubrimiento, Le Verrier se planteara que la anomalía en la órbita de Mercurio podía tener un origen parecido.

Bien visto tiene su lógica.

El avance de su perihelio -motivado por la lenta precesión de la órbita del planeta alrededor del Sol, esa variación de cero coma cuarenta y tres segundos de arco anual (0,43"/año) que se había detectado no explicada por la existencia de planetas exteriores-, se podría deber a la acción gravitatoria de un nuevo planeta.

Ésa era su hipótesis de partida (Continuará)


No hay comentarios:

Publicar un comentario