miércoles, 13 de abril de 2016

Papas y Ciencias: Urbano VIII (1)

Urbano VIII (1568-1644) es el último papa nombrado de la terna que jugó un papel importante en el desarrollo de la ciencia y la técnica. Fue el número 235 de la Iglesia católica y ejerció como tal desde 1623 hasta 1644.

Él fue quien, ante la desmedida proliferación de Verónicas a pesar de la prohibición en 1616 de Pablo V, en 1629 no sólo proscribió hacer nuevas reproducciones, sino que ordenó la destrucción de las existentes.

En su edicto exhortaba a que cualquiera que supiera de la existencia de una de esas copias, la llevara al Vaticano bajo pena de excomunión. Un asunto muy serio en aquella época, en la que con la iglesia no se podía uno tomar determinadas licencias en el terreno religioso.

Tampoco en el incipiente terreno científico.


Porque es Urbano VIII quien continuó el proceso iniciado por Pablo V contra Galileo y la teoría del heliocentrismo de N. Copérnico, aunque pone especial interés en que el hombre “sufra lo menos posible”. Esas fueron sus palabras.

Las pronunció no sólo por el hecho de que, durante mucho tiempo, fueran amigos sino porque el astrónomo era ya un viejo de sesenta (60) años de salud quebrantada.

De modo que aunque la amenaza y la tortura están presentes durante todo el proceso, no es necesario llegar a la segunda.

Con la primera basta. Galileo no es torturado, pero se tiene que retractar.

Y Urbano VIII está presente, tanto en el juicio del 23 de septiembre de 1632 como en el del 22 de junio de 1633, en el que el pisano se vio obligado a abjurar de sus ideas sobre el heliocentrismo.

Una historia con teatro incluido.

Pero si me lo permiten seguiré con Galileo y los papas en otro momento, porque lo cierto es que la historia no acaba aquí ni muchísimo menos.

Aunque creo que estarán conmigo en lo siguiente. Sólo por estos nexos, religioso y científico, merece la pena haber traído a este papa a estos predios.

Mas si no es así, les aporto un nexo más. Urbano VIII tiene un vínculo religioso-tabaquero con la ciudad de Sevilla ¿Qué le parece?

Papa, tabaco y Sevilla
No me voy a extender mucho por lo que, para que se hagan una buena composición, he de advertirles que no debemos perder de vista la época en la que estamos, primera mitad del siglo XVII.

Unos años en los que Sevilla sigue siendo el principal puerto del comercio americano y a ella siguen llegando todos los productos de la Indias, incluidas las nuevas plantas de esas tierras.

Entre ellas el tabaco. Es la extensión de su uso a toda Europa la que hace que en 1620 se cree la primera fábrica de tabaco en polvo de la Historia, naturalmente en Sevilla.

La primitiva Fábrica de Tabacos de Sevilla se ubicó en un recinto situado entre la iglesia de San Pedro y la del Buen Suceso, donde había existido anteriormente un corral de comedias, es decir, en la actual Plaza de San Pedro.

Fue un recinto con varias construcciones de dos plantas, que sufrió distintas transformaciones y ampliaciones a lo largo de un siglo, hasta que fue abandonado.

Un asunto el del fumaque que ya en aquella época afectaba casi por igual a todos los estamentos de la sociedad, incluido el religioso. Un feo asunto entonces.

Si se piensa casi como ahora o peor.



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