viernes, 25 de diciembre de 2015

Espermatozoides, ¿importa el tamaño? (y 3)

(Continuación) Para ellos es preferible la cantidad frente a la calidad. Una opción a la que no pueden optar los animales pequeños, que se han visto abocados a elegir otra vía reproductora. Curiosamente la contraria. La de calidad frente a cantidad.

Calidad frente a cantidad
Ya lo adelantamos. En el largo y viejo camino de la reproducción, el método de la selección natural ha generado una gran diversidad de espermas, en las distintas especies de animales que en nuestro mundo han sido, son y serán.

Y si bien el objetivo final es único, fertilizar el óvulo de la hembra, los espermatozoides han adoptado muchas variaciones (tamaño, densidad, movilidad) y también morfologías, algunas de ellas bizarras.

Pero en el caso de los animales pequeños hay una limitación desde el principio. El menor tamaño de sus órganos reproductores no les permite producir enormes cantidades de espermas.

Lo que en un principio no es un inconveniente en sí ya que, por el mismo motivo, no tienen que recorrer largas distancia, lo que hace disminuir el riego de pérdidas o de dilución. Así que lo uno por lo otro, pero con una condición. Los pocos que lleguen han de garantizar el éxito.

De modo que su calidad ha de ser de primera.

No es que, como algunos dicen, la naturaleza sea sabia, ella no piensa. Es solo, y sencillamente, un problema de supervivencia. De ahí que los animales más pequeños tengan espermatozoides más grandes y de mayor calidad, aunque sean menos abundantes.

Ésa es la razón por la que un pequeño roedor tiene un espermatozoide más largo que el de un enorme paquidermo. No, no es un capricho de la naturaleza, ni que ésta sea sabia. Es una cuestión de evolución y selección natural.

La publicación de 'Proceedings B' aporta también algunos valores numéricos clarificadores de lo que les digo. Por ejemplo en ella se afirma que:

a) la longitud del espermatozoide de ratón es del orden de unos ciento veinticuatro micrómetros (124 µm), mientras que la del elefante es sólo de cincuenta y seis (56); es decir menos de la mitad.

b) Pero que éste último, el paquidermo, produce casi doscientos mil millones (200 000 000 000) de unidades en una única eyaculación, mientras que el ratón expulsa, sólo, nueve coma cinco millones (9 500 000) de una vez; es decir unas veinte mil veces más.

No he llegado a ver una comparativa de estos valores de los espermatozoides con los tamaños de los animales, ratonil y elefantico, que los producen.

De la “competencia espermatozoidea”
Con anterioridad a estos estudios ya se sabía que la competición entre espermatozoides, juega un papel primordial en su evolución genética y adaptabilidad biológica.

Por ejemplo. Es mayor su competitividad en pequeños animales como los roedores, que en animales grandes como el elefante; algo lógico ya que la distancia a recorrer es más corta y el riesgo de que se pierdan por el camino o diluyan, es menor.

Lo que de novedoso aporta este estudio es que los ratones macho cuentan con unos espermatozoides de mayor tamaño de lo esperado, algo habitual en las especies en las que varios de ellos compiten por vencer en la carrera de la procreación, y que no sucede en especies monógamas.

Y de aquí, pienso yo que puede derivarse algo que nos afecta.

Quizás sea un punto de partida para explicar por qué el tamaño de nuestras células reproductoras, la del ser humano, son unas treinta mil (30 000) veces inferior al tamaño medio de otros mamíferos.

Mientras esto se resuelve, qué quieren que les diga. El tamaño importa, y no le dé más vueltas.



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