martes, 11 de agosto de 2015

Mujer y Universidad en el siglo XVI (1)

Las mujeres de la nobleza europea -desde el siglo VI cuando aparecieron las abadías, hasta el siglo XII cuando se fundaron las primeras universidades-, recibían la misma educación que sus hermanos varones.

Por aquel entonces, no había diferencias por cuestión de sexo.

Instruidas casi siempre por religiosas, aprendían buenos modales y principios de lectura y administración feudal. Unos conocimientos encaminados, por necesarios e imprescindibles, para el desempeño de su innata y aristocrática vida.

Así es como se pensaba y creía en aquella época. Estarán conmigo que son de esas ideas y creencias que a los humanos, como tales, nos alientan. Deseables por tanto.

Sin embargo las mujeres de clase baja no recibían ningún tipo de educación. Para qué. Total qué eran, qué significaban. Para lo que servían, no necesitaban ninguna educación.

Así es como se pensaba y creía, también, en aquella época. A diferencia de las anteriores, estas ideas y creencias, me imagino que lo comparte, son de las que nos dominan. Y no son deseables.

Sin embargo, con el surgimiento y desarrollo de las universidades a lo largo del siglo XVI, el privilegio de la educación terminó también para la mayoría de las nobles europeas. Soplaban nuevos vientos y fueron excluidas de las universidades.

Pero eso sí, y esto es lo mejor, según los hombres fue por su bien. Sí, así. Como lo leen.

Todos los manuales sobre educación de la época, coincidían en advertir del peligro que suponía para las hijas, ojo sólo para ellas, el hecho de ser instruidas.

Y es que claro, al ser consideradas las mujeres seres de intelecto inferior, su instrucción se veía no sólo como algo superfluo e innecesario, sino que se consideraba, incluso, peligrosa.

Sí, peligrosa. Otro día les cuento dónde esas mentes preclaras veían el peligro.

Ahora y en honor a la verdad les diré que esta exclusión universitaria se produjo en toda Europa a excepción de España e Italia. Lo que no deja de ser sorprendente, y por supuesto no está nada mal del todo saber, que hubo un tiempo anterior al tardofranquismo, en el que 'Spain is different'.

El caso es que como consecuencia de esta exclusión universitaria, la mayoría de las mujeres de la Baja Edad Media y comienzos de la Moderna, no recibieron ninguna educación. Bueno ninguna, ninguna, no. De forma excepcional, algunas, muy pocas, la recibían en sus casas.

Unas de mano de sus padres o familiares. Otras de un tutor particular, si podían permitírselo económicamente. Y estotras lo hacían en las casas de grandes damas entregadas a la amplia tarea de la igualdad.

Pero claro el hombre era guardián del sistema. Y una vez consolidadas las universidades como centros oficiales del saber, éstas no tardaron en arrogarse el monopolio de las titulaciones.

O lo que es lo mismo, las únicas certificaciones oficiales que posibilitaban el ejercicio de actividades como la medicina, farmacia o veterinaria. Es decir que aquellas mujeres que por el motivo que fuera tuvieran esos conocimientos, no podían ejercerlos al no tener el título universitario.

Y las que querían estudiar para adquirirlos, pues no podían hacerlo al estarles vetada la entrada a la universidad ¿Lo ven? No hay manera. Es como el cuento de la buena pipa. (Continuará)





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