domingo, 26 de julio de 2015

Beagle 2, ¿un fracaso?

(Continuación) Como todas las aventuras humanas, sean del tipo que sean, la de la exploración espacial tiene una historia que está marcada tanto por éxitos como por fracasos. Y la del Beagle 2 hay que apuntarla en el segundo de los grupos, en el de los fracasos. O al menos eso es lo que parece.

Historia de un fracaso
Para la sonda se había seleccionado como lugar de aterrizaje Isidis Planitia, una extensa cuenca sedimentaria situada a caballo entre las tierras altas y las planicies del norte de Marte. Para más precisión en las coordenadas: 10,6°N, 270°W.

Y estaba diseñada para que pudiera operar al menos durante ciento ochenta (180) días terrestres, es decir medio año, aunque no se descartaba en absoluto que funcionase durante un año marciano completo, seiscientos ochenta y siete (687) días terrestres.

Pero no fue así.

Todos los intentos que se realizaron desde el orbitador estadounidense para contactar con ella, resultaron infructuosos.

También fracasaron el intento de conexión desde el observatorio Jodrell Bank (Reino Unido) y los posteriores efectuados entre enero y febrero de 2004, a través del Mars Express Orbiter. Nada de nada se obtuvo.

A resultas, la sonda fue declarada oficialmente perdida el 6 de febrero de 2004.Y no hubo forma de saber qué había pasado en el aterrizaje sobre la superficie marciana, cuál fue la causa real del fallo.

Causas y consecuencias del fallo
La real no, pero especulaciones y supuestos, claro que sí existen. Entre los más probables que se han barajado, aunque le sorprenda en este entorno científico-técnico está el de la pura mala suerte.

Se piensa que quizás fue un bote demasiado fuerte contra la superficie al descender, que pudo distorsionar a la estructura. O un airbag pinchado que no se separó lo suficiente de la sonda e impidió el despliegue total. Quién sabe.

Pero lo cierto es que con el fallo se fue buena parte del éxito de la misión. Deben saber que entre los distintos objetivos que tenía marcada la misión y que correspondían al Beagle 2, estaban las investigaciones in situ, de naturaleza exobiológica y geoquímica del planeta.

Para ello había que determinar la composición química y geológica del lugar de aterrizaje, el estudio del clima marciano, etcétera, recogiendo para ello muestras tanto de la superficie como a dos metros (2 m) de profundidad.

¿Hay alguien ahí fuera?
Y como hemos seguido haciendo desde entonces, la intención no era otra que la de buscar pruebas o al menos indicios de la existencia vida extraterrestre. De cualquier tipo de vida y nivel. No importa cuál.

Esa era el objetivo. Facilitar información acerca de posible vida de organismos en el pasado marciano. Así es el ser humano, decidido desde hace mucho tiempo a descubrir si estamos solos en el universo ¿Hay alguien ahí fuera?

Les decía más arriba que, con el fallo del aterrizaje, se daba buena parte del éxito de la misión por perdida. Pero sólo buena parte y no todo, porque no debemos olvidar un detalle.

El orbitador Mars Express Orbiter sí funcionó desde el principio, y así ha seguido desde entonces, realizando investigaciones científicas del todo satisfactorias. Algo es algo y más que nada. Además, como nos canta el artista panameño: “la vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida, ay Dios”.

Y en el caso que nos ocupa tengo hasta tres.

Una es, precisamente, el tercero de los nexos que les citaba al comienzo. De las otras dos, una guarda relación con el origen del nombre de la canción y sonda, y la otra con la interrogativa del título.

¿Fue un fracaso el amartizaje de 2003?



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