lunes, 16 de junio de 2014

Mis dificultades con el Ulises de Joyce


“No me puedo creer no haya sido capaz de leer el Ulisses de Joyce. Tenía otra opinión de usted. hasta cieto punto me ha defraudado” [sic].

En estos términos me escribía hace unos días, un anónimo seguidor del blog. Hacía referencia a mi segura afirmación de hace ya cuatro años, de que Ulises es una novela difícil, muy difícil, de leer.

Una afirmación la mía que iba acompañada de otra, ésta esperanzada. Decía que era una obra que hay que leer. O intentarlo al menos. Es más, hasta aconsejaba hacerlo en cinco ocasiones.

Dicen que si su lectura te conquista, lo habrá hecho para siempre. Pero que si no es ése el caso, lo mejor es que lo deje definitivamente.

Por si le sirve de referente yo llevo ya tres y nada oiga.

Esto y más escribía un servidor de usted, en las puertas del verano de 2010. Y les confieso que no lo he vuelto a intentar (leer el libro) desde entonces. Es más, no creo que lo haga ya a mi edad.

Y por esta razón mi anónimo lector mostraba su desilusión hacia mi persona.

Un sentimiento que me apena haber causado, pero qué quieren, de estos mimbres estoy hecho. Los mismos que, en este 16 de junio, me inducen a escribir lo siguiente.

Intrahistoria de la novela
Ulises se publicó por vez primera en la ‘Little Review’ entre 1918 y 1920 y se hizo por entregas. Como es bien sabido, tardó poco en llegar el juicio de faltas por “inmoralidad” y la posterior sentencia condenatoria, tanto al libro como a la revista.

En principio fueron malos tiempos, durante los que salieron diferentes ediciones piratas y circularon ejemplares de la edición parisina de 1922, pasados de contrabando. Unos ejemplares que la policía quemaba cuando los fiscalizaba, pero que servían para hacer crecer la polémica en torno a él.

Para unos el libro era inmoral y aburrido, mientras que para otros era profundo y moderno. Y con la polémica, como a veces suele ocurrir, fue aumentando su fama. Un detalle que no escapó a los de Radom House, sus futuros editores, que de forma sagaz empezaron a realizar excelentes campañas publicitarias.

La estrategia era genial, porque no importaba lo que dijeran del libro.

Si la gente decía que la novela era rara y para pocos, ellos asentían ¿Quién no estaría encantado de ser formar parte de esa élite?

Y si se decía lo contrario, que se trataba de una obra fácil que podía ser más que entretenida y que, si tenía algo de rompecabezas, sería un placer resolverlo, pues también asentían. Al fin y al cabo hablaban bien de ella.

Como pueden ver, a pesar de ser aparentemente contradictorias, servían a un mismo señor. A los intereses económicos de la editorial.

Parece ser que Joyce, se negó a entrar en el juego que hizo de Ulises un best seller.

De maldito a clásico
El libro, que inició su andadura pública como texto prohibido en Inglaterra y en Estados Unidos por “inmoral”, empezó a convertirse en un gran clásico durante la prohibición y, cuando se publica legalmente por vez primera en países anglosajones en 1934, lo es ya de hecho y por derecho.

Bueno pues a pesar de que Ulises es, sin duda, una gran novela, quien les escribe no ha logrado acabarla. Y por si se encuentra en mi misma situación lectora, que sepa que no estamos solos ni mucho menos.

No son pocos, y de gran y reconocida talla intelectual, los que reconocen lo mismo.

Ulises de Joyce es una novela muy difícil.

Pero esa es otra historia que debe ser contada en otra ocasión y por personas más preparadas. Por lo que lo dejo aquí en tiempo y forma.

A mi entender de discreto letraherido, estamos ante otro de esos grandes libros más vendidos que leídos. Lo que tampoco es infrecuente. Expertos en este campo saben que muchos grandes libros se compran y no se leen. Como Ulises.

Puede ser.



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