sábado, 5 de abril de 2014

“El perro de San Roque no tiene rabo... (I)


porque Ramón Ramírez se lo ha cortado”. Así es como, casi, cerrábamos el ‘Ciencia y Sevillanía’ radiofónico del pasado 01 de abril.

Ya saben, una sección que con vocación divulgativa que tiene su alojo en el programa ‘Las mañanas de OSR’, dirigido y presentado por Paco Palma, en la hispalense emisora Onda Sevilla Radio 106,2 FM.

Un simpático guiño que en realidad hacía el compañero Pepe Andreu, a propósito de mi nombre y que venía acompañado de un requerimiento doble: ¿Cuál es su origen? ¿Por qué se dice?


En principio, y hasta donde he podido averiguar, la parrafada no es más que un trabalenguas. Uno de los muchos que existen en todos los idiomas, y que no son más que oraciones o textos breves creados para que su pronunciación, en voz alta, sea de difícil articulación.

De hecho son utilizados con frecuencia, como ejercicio para desarrollar una dicción ágil y expedita. Pruebe si no: “Pablito clavó un clavito en la calva de un calvito. En la calva de un calvito, un clavito clavó Pablito”.

Visto desde el punto de vista gramatical, suelen ser juegos de palabras que combinan fonemas similares, que con frecuencia se crean con aliteraciones y rimas y con dos o tres secuencias de sonidos.

Y hasta hay quienes ven en ellos, un cierto tipo de literatura popular de naturaleza oral, quiero decir verbal: “El cielo está enladrillado ¿Quién lo desenladrillará? El desenladrillador que lo desenladrille, buen desenladrillador será”.

No. No hay duda. Los trabalenguas sirven para que las personas que lo pronuncian, se equivoquen en más de una ocasión al hacerlo, quedando de este modo, en evidencia.

Bien y dicho esto, ¿desde cuándo se corta la cola a los perros?

¿Desde cuándo se corta la cola a los perros?
Para contestar a esa pregunta hemos de remontarnos al siglo I de nuestra era, y leer a un escritor agronómico que fue muy amigo de Séneca (4aC-65) el filósofo, político y escritor romano.

Me refiero a Lucius Junius Moderatus conocido como Columela (4-70) y a una de sus obras. La que lleva por título Res rustica (Trabajos del campo), quizás el tratado más extenso y moderno, hasta ese momento, sobre las tareas del campo.

Abarca desde la práctica de la agricultura, la ganadería y la apicultura, hasta la cura de animales, pasando por la elaboración de distintos productos y conservas.

De hecho es en este tratado donde aparece, por primera vez, el término veterinarius, para definir al pastor especializado en curar a los animales.

En concreto, en el caso del cánido que nos trae, Columela, va más lejos en sus escritos y nos describe incluso, cómo deben ser seleccionados los perros destinados a la guarda de fincas y ganado.

También da normas básicas para una alimentación equilibrada, el cuidado de sus heridas e, inclusive, algunos tratamientos para ciertas enfermedades.

Una verdadera joyita, la tal Res rustica, donde además se explican los motivos y forma sobre cómo se debe cortar la cola a un perro. Se trata de la primera prueba documentada, de la que tenemos constancia, sobre este tema. (Continuará)

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