jueves, 2 de enero de 2014

¿Por qué la otra cola es siempre la más rápida?


No importa donde esté ni cual sea ésta. La del banco, la del supermercado, la del tráfico en la carretera o en la calle, la del autobús, la de la gasolinera, etcétera. Da lo mismo, cualquiera sirve para nuestros intereses.

Porque lo cierto es que, en la que usted esté, ésa, ésa seguro que es la más lenta de todas. A que sí. A que lo ha pensado alguna vez que otra.

A mí por lo menos me suele suceder. No puedo evitarlo.

Y me veo tan del montón intelectual, que me atrevo a suponer que es una constante natural en nuestras vidas, como especie animal de paso en este planeta. Vamos que es algo que nos pasa a todos.

Porque no se trata de una fijación suya, mía o cosa de Murphy y sus sorprendentes leyes. No. En realidad no es más que una cuestión de probabilidades. Que no es más que la facilidad de que algo suceda.

Y el hecho de que usted se considere gafe, por creer que está siempre en la cola más lenta, es una opción por la que, también, lamento decírselo, también se inclina la ciencia.

Eso al menos es lo que dice el cuerpo de conocimiento formal que conocemos como Estadística. De modo que no es nada personal, sólo ciencia.

Porque de lo que no hay la menor duda es que es otra cola, en la que no está usted, la que resulta ser, casi siempre, la más rápida. Parece increíble pero es cierto. Vean si no.

En la sucursal del banco de dos colas
Imagine un banco en el que hay dos puntos de atención al cliente, cada uno con su propia cola, y que tienen el mismo número de personas cuando usted llega (Llegue a la hora que llegue, siempre habrá gente en la cola). Y nada más entrar y verlas, una inquietante y existencial duda nos invade.

¿En cuál me pongo? ¿Cuál de las dos tiene más probabilidad de ser la más rápida? En este caso, por su simpleza cuantitativa, lo más probable es que acertemos en la respuesta.

Planteado así, con tan solo dos colas y a bote pronto, pocos dudaremos en afirmar que hay un cincuenta por ciento (50%) de probabilidad de que, cualquiera de ellas, pueda ser la rápida. Así que, en teoría, no importa cuál elija.

Bien, conforme. Pero eso es la teoría pensada. Otra cosa es la práctica vivida. Lo que ocurre cuando nos colocamos en una, la que sea, y esperamos a ver qué pasa.

Si resulta que por desgracia la escogida es la lenta, entonces, casi seguro que la errada elección tardará en olvidársenos. Y con ese recurrente recuerdo en mente, se confirmará nuestra credulidad: la de que siempre nos toca a nosotros.

Pero, ¿y si no resulta así y la nuestra es la rápida? Ah, entonces estupendo. Saldremos del banco tan contento por haber acabado pronto, y lo más probable es que no volvamos a acordarnos del afortunado sucedido.

Y que no contemos el acierto colista, en la cuenta de infortunios gafados y confirmadores de nuestra credulidad.

Una reacción de lo más humana y que de forma coloquial, pero no por ello menos cierta, se interpreta diciendo que nos fijamos más en las situaciones cuando nos va mal, que cuando nos va bien.

Se trata de un fenómeno conocido como de memoria selectiva y estudiado en la ciencia social llamada Psicología. Una ciencia así así.

Claro que si en el banco hay más de dos ventanillas con sus respectivas colas, la respuesta correcta ya no está tan al alcance de todos. Ya no es tan de Perogrullo, por decirlo de alguna forma.

En este caso de más de dos colas, si no queremos errar, tendremos que tirar de lógica y matemáticas.

En la sucursal del banco de tres colas y un poco de lógica
En particular, de la parte de las matemáticas llamada Combinatoria y, más en concreto, del concepto de permutaciones, estudiado en la enseñanza secundaria. Aunque para entenderlo, tampoco tenemos que hacer uso de ellas. (Continuará)



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