miércoles, 4 de septiembre de 2013

A. EINSTEIN: UNA BIOGRAFÍA. Vejez (II)


Dos días antes, el 12 de marzo, Habicht y Solovine se encuentran en París. Los dos ancianos envían una postal de Notre-Dame a su viejo amigo Albert.

La dirección en francés: “Al Presidente de la Academia Olimpia, Albert Einstein, Princeton, Nueva Jersey, U.S.A.”

Por supuesto, llegó a su destino. Einstein les contestó el 3 de abril, con una fingida solemnidad que no podía ocultar su propia nostalgia.

Expediente Einstein
En lo sociopolítico, no corren buenos tiempos. La campaña anticomunista del senador J. McCarthy se encuentra en su punto más álgido. A Einstein no parece importarle y habla valientemente contra semejante amenaza a la libertad intelectual.

Precaución.

La situación es delicada, el FBI le tiene abierto un dossier de casi dos mil páginas. No en vano es un ferviente pacifista, un socialista convencido y un crítico del racismo. Tampoco le ayuda su público apoyo al tipo de desobediencia civil no violenta, iniciada por I. Gandhi.

De hecho el gobierno cree que está vinculado al espionaje soviético.

Sólo la fama mundial que tiene, y su prestigio como científico, mantiene a raya a la inquisición mccarthiana. Pero el pánico rojo, que inundó los EEUU a comienzos de los años cincuenta, llegó a ser casi de histeria colectiva.

Caución.

Por estas fechas, le escribe a la reina madre de Bélgica, buena amiga y confidente: “Me he convertido en un ´enfant terrible` en mi nueva patria. La culpa la tiene mi incapacidad de guardar silencio y de tragarme todo lo que pasa aquí”.

Con 75 años, hoy como ayer.

Preocupado por la libertad de pensamiento y de expresión, escribió el siguiente aforismo: “En el reino de los buscadores de la verdad no hay ninguna autoridad humana. Quien intenta erigirse en magistrado provoca la risa de los dioses”.

 Filosófico, lúdico y poético.

Einstein y Charlot
En el ‘Expediente Einstein’, alrededor de 1953, aparece la relación del físico con Charlie Chaplin “Charlot”, otro subversivo, peligroso, comunista y antipatriota según el FBI. Los calificaba de “grandes amigos” e instigadores por parte del espionaje soviético.

Einstein y Charlot se conocieron en 1931, a bordo del barco que los traía a los EE.UU. Y cuando Chaplin estrenó su película Luces de la ciudad, el matrimonio Einstein fueron sus invitados de honor.

Tuvo lugar el 30 de enero de 1931, en el nuevo y fastuoso teatro Los Ángeles de Broadway.

Fue un acontecimiento que tuvo gran repercusión social. Se colapsó el tráfico, hubo rotura de escaparates, etcétera. Tanta gente se agolpó en las proximidades del teatro, que tuvieron que acudir escuadrones de la policía a caballo.

Incluso estuvieron a punto de usar gases lacrimógenos para controlar a la multitud.

Según los ecos de sociedad, en el estreno, al que acudieron las más rutilantes estrellas de Hollywood, el matrimonio Einstein recibió una de las ovaciones más prolongadas, al entrar en el auditorio.

Estrella entre estrellas.

Una muestra de la popularidad del físico, y la supuesta familiaridad del público con sus teorías, nos la da una viñeta aparecida en 1953 en The New Yorker Magazine.

La anfitriona le dice a sus invitados: “¡Precisamente ahora, el profesor Einstein vendrá a explicarnos todo eso!”.

En el final de una vida
En la primavera de 1954 se entrevista durante una hora con L. Pauling, Premio Nobel de Química en 1954 y de la Paz en 1962. Le confiesa haberse equivocado cuando firmó la carta a Roosevelt.

Su única justificación, que los alemanes hubieran podido construir la bomba antes que ellos (Si hubiera sabido que los alemanes no iban a poder desarrollar la bomba atómica, no hubiera hecha nada por ella).


En términos parecidos se había manifestado, al comprobar la efectividad nuclear en las ciudades de Hiroshima y Nagasaki, en 1945: “hubiera preferido ser fontanero”. Un poco tarde.

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