miércoles, 20 de febrero de 2013

El (asteroide) esperado y el (inesperado) meteorito (2)


(Continuación) De los últimos datos obtenidos, y de acuerdo con la NASA, tenemos ya una abundante información sobre este meteorito que sacudió buena parte de los Urales.

Algunos datos físicos (mecánicos)
De las medidas de infrasonido obtenidas del suceso se puede concluir que el impacto se produjo a las 03:20:26 hora UTC, del 15 de febrero de 2013.

La roca, de entre quince y diecisiete metros (15-17 m) de diámetro y unas diez mil toneladas (10 000 t) de masa antes de entrar en la atmósfera, lo hizo formando un ángulo de entrada de veinte grados (20 º).


Las nueve (9) explosiones que experimentó tuvieron lugar en una franja de altura comprendida entre los cincuenta y quince kilómetros (50-15 km) sobre el suelo, lo que posibilitó la formación de una onda sísmica responsable de los diversos daños ocasionados a ras de suelo como, por ejemplo, el estallido de cristales, la caída de ladrillos, la rotura de piedras, etcétera.

Su velocidad de traslación estuvo por debajo de los veinte kilómetros por segundo (20 km/s) o setenta y dos mil kilómetros por hora (72 000 km/h), lo que permitió recoger su señal desde que entró en la atmósfera hasta su desintegración.

La trayectoria de esta bola de fuego duró algo más de medio minuto (32,5 s) y fue recogida por once (11) de las cuarenta y cinco (45) estaciones de seguimiento, situadas en treinta y cinco (35) países de todo el planeta.

Desde el punto de vista energético, se estima que su energía cinética (Ec) era del orden de quinientos kilotones (500 kt) de TNT equivalente; lo que la hace comparable a treinta (30) veces la energía liberada por la bomba nuclear arrojada sobre Hiroshima.

Le hablo de una explosión que se llegó a detectar en Alaska, a seis mil quinientos kilómetros (6500 km) de distancia, merced a la red de instalaciones desplegada, ya en la época de la guerra fría, para vigilar las explosiones nucleares.

Algunos datos químicos (composición) 
Del análisis químico realizado a algunos de los cincuenta y tres (53) fragmentos recogidos del meteorito en los alrededores del lago Chebarkul, y en cuyo fondo se piensa pudiera estar el mayor de ellos, ya se tienen resultados.

Unos resultados inequívocos. Se trata de condrita, el tipo más común de meteorito, ya que representan más del 75 % de los recogidos.

Dado que por su naturaleza rocosa (no metálica) apenas sufren procesos de fusión y de diferenciación de los asteroides de los que proceden, la información que nos aportan resulta clave en diferentes campos de conocimiento.

Desde comprender el origen y la edad del Sistema Solar, hasta la síntesis de compuestos orgánicos y el origen de la vida, pasando por la presencia de agua H2O (l) en la Tierra.

Visto desde esta perspectiva, las condritas o condritos vienen a ser una especie de fósiles del Sistema Solar, en tanto que su naturaleza, estructura y composición química han permanecido invariables desde hace millones de años.

Por otro lado, desde el punto de vista lógico-científico, el hecho de que una vez analizado haya resultado ser una “condrita ordinaria”, resulta coherente con las fragmentaciones severas y repetidas que sabemos sufrió el objeto en la estratosfera o estratósfera.

Una de las capas más importantes de la atmósfera, situada entre la troposfera y la mesosfera, y que se extiende entre los diez y los cincuenta kilómetros (10-50 km) de altura, aproximadamente.

El hecho de que se desintegrara como lo hizo, vuelvo al meteorito, nos daba ya una pista sobre su composición: no podía contener ni hierro Fe(s) ni níquel Ni (s). Otro asunto sería, si el análisis hubiera dado una naturaleza metálica para la piedra del espacio.

Entonces, por su mayor riqueza en hierro Fe (s) y níquel Ni (s), el comportamiento tendría que haber sido otro. Y no hubiera sido esperable que se produjera, el gran número de meteoritos que llegaron al suelo.

Un asunto no menor éste, ya que no debemos olvidar que estos meteoritos son genuinos representantes de los primeros materiales condensados alrededor del Sol, y que ya existían, decenas de millones de años antes de que se formasen planetas como el nuestro.

De modo que su estudio viene a ser como un viaje al pasado del Universo.

Otros datos (astronómico y ondulatorio)
Aunque esta información no proviene de los datos de infrasonido procesados, se considera como muy probable que este tipo de piedra celeste nos llegue desde el mismo Cinturón de asteroides que, como sabemos, no es más que la acumulación de material residual procedente de la formación de los planetas.

Formado, aproximadamente, hace unos cuatro mil quinientos millones (4 500 000 000) de años, es una región del Sistema Solar que se encuentra entre las órbitas de Marte y Júpiter. (Continuará)

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