lunes, 4 de febrero de 2013

AZULEJO DEL TEMPLO SAN VICENTE PAUL


Está colocado en su fachada principal, ubicado en la esquina de las calles Pagés del Corro y Paraíso, en el barrio de Triana.

La leyenda que porta nos dice que el 2 de agosto de 1519, en la Iglesia de Nuestra Señora de la Victoria, sita en el solar de este Templo de San Vicente Paul, el Asistente de la ciudad de Sevilla Sancho Martínez de Leiva y el Obispo de Velandia, Fray Francisco de Córdoba auxiliar del Arzobispo de Sevilla, entregaron en acto solemne a Fernando de Magallanes, capitán general de la Armada de la Especiería, las banderas reales, una vez bendecidas, de las cinco naos que partieron de Sevilla el 10 agosto de 1519.

Unas banderas que Magallanes entregó a los capitanes de las cinco naos: la Trinidad, la San Antonio, la Concepción, la Santa María de la Victoria y la Santiago.

La intención de dicha Armada no era otra que trazar un paso marítimo hacia los territorios de las Indias Orientales. Hallar una ruta que, recorriendo siempre mares castellanos (según el Tratado de Tordesillas, 1494), llegase a las islas de las especias.

Es lo que se conocía como la ruta hacia el oeste, y que ya había buscado Cristóbal Colón (1451-1506) aunque infructuosamente. Una fracaso que tiene su explicación.

Más pruebas documentales de la esfericidad de la Tierra
Con posterioridad a los precisos cálculos de Eratóstenes de Cirene (273-194 aC), sobre la circunferencia terráquea (40 000 km), el matemático, astrónomo y geógrafo Ptolomeo (siglo II), volvió a calcular dicha longitud máxima, pero a la baja.

Le salieron tan solo 33 000 km. Casi un veinte por ciento menos. Es lo que se conoce como un error por defecto, que fue a más cuando Cristóbal Colón confundió las millas alejandrinas con las marinas de su época.

Dos errores que, junto con otros asociados a ciertas interpretaciones de las lecturas bíblicas que hace Colón, que ésa es otra, llevaron al Almirante a la conclusión de que el continente asiático, a cuya costa oriental quería llegar, tenía una medida diez veces mayor que la real.

Es decir, que estaría tan solo a unos 4400 km de Europa sentido oeste. Ésas eran sus cuentas. Equivocadas como sabemos ya que, en realidad, está a unos 19 600 km. Una distancia que nunca hubiera podido cubrir Colón, ni siquiera con las modernas carabelas portuguesas.

Por suerte, cuando apenas llevaba unos 1600 km se encontró con América. Estas cosas pasan.

De manera que cuando Cristóbal Colón emprendió su viaje, uno de sus problemas no era la forma de la Tierra. Más bien se trataba de un problema de tamaño, de dimensiones.

Colón, en las postrimerías del siglo XV, fue el primero en empequeñecer el mundo, desafiando al oscuro océano y a sus monstruos marinos. Pero correspondió a Elcano, en los comienzos del XVI, aportar la demostración empírica de la esfericidad de la Tierra, dando la primera vuelta al mundo.

Una aventura que finalizó donde mismo empezó.

En el Puerto de Mulas, en Sevilla, en la margen derecha del Guadalquivir. Lo que me hace llevarles a una placa que está en el antiguo Convento de los Remedios, hoy Museo de Carruajes de Sevilla, justo enfrente, en la calle Juan Sebastián Elcano.

Que como calle no está mal. Y además junto al río grande.


2 comentarios:

  1. un humanista sevillano8 de febrero de 2013, 11:37

    Echo en falta más entradas de este tipo

    ResponderEliminar
  2. un humanista sevillano8 de febrero de 2013, 11:37

    Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.

    ResponderEliminar