miércoles, 14 de noviembre de 2012

Higgs, Bosón, Barcelona (III)


(Continuación) A nadie escapa que desde el pasado 4 de julio Peter Higgs, a sus 83 años, se ha convertido en el físico vivo más famoso de todo el planeta, con permiso de Stephen Hawking (1942), claro.

Digo esto porque el propio el astrofísico británico, nada más confirmarse la existencia del bosón, consideró que Peter debería ganar el próximo Premio Nobel de Física.

Es precisamente el veraniego descubrimiento de la existencia del “Higgs”, la escurridiza partícula elemental, el responsable de que este hombre tímido pase buena parte de su tiempo bajo los focos en el, para él, incómodo papel de superstar.

Un sucedido que le ha cambiado la vida y ha desatado la higgsteria. Un nuevo fenómeno social.


De la Higgsteria al Premio Nobel 
Sí ha leído bien, higgsteria. Una excitación colectiva alimentada desde principios de año por los indicios, los rumores y, sobre todo, por el deseo de que se aclarara el misterio del bosón huidizo y celosos de su intimidad existencial.

Una ola mediática que con gran acierto, la revista New Scientist bautizó con el término Higgsteria. Un ingenioso juego de palabras que muestra bien a las claras, el elevadísimo nivel de popularidad que su persona alcanzó en muy poco tiempo.

En sus propias palabras: “Reconozco que desde que se anunció el descubrimiento mi popularidad ha aumentado vertiginosamente”.

De ahí que a nadie le resultara extraño que su nombre sonara para Premio Nobel en Física del 2012. Incluso él mismo admitió a posteriori que se reunió con sus compañeros de la universidad, para trazar una estrategia de actuación en caso de que saliera su nombre. Hay que ser prevenido.

Según él: “era una posibilidad que podía ocurrir”.

Aunque por otro lado estaba tranquilo y confiado en que, al menos este año, no se lo darían. Y como único argumento de esa tranquilidad y confianza, la experiencia de otros nobel.

Ha sido muy raro en toda la historia novelera, que este premio se le haya concedido al autor de una teoría que resultara demasiado novedosa para la época. Sirva de ejemplo el caso de Albert Einstein (1879-1955) y algunas de sus circunstancias.

Aunque también es cierto que los hay de todo lo contrario. Ya saben.

Entre ellas, me refiero a las circunstancias, su Premio Nobel en Física de 1921 otorgado por la teoría del efecto fotoeléctrico (efe), perteneciente al campo de la física cuántica y la creencia popular de que le fue concedido por su teoría de la relatividad, perteneciente al campo de la mecánica relativista.

Un error relativamente extendido. Como también es un error extendido, la idea de que Einstein fue el autor de una sola teoría de la relatividad. En realidad fueron dos. Pero dejémoslo ahí, porque ésa es otra historia.

El caso es que, para Higgs, el comité del Nobel encargado de esta decisión estaba constituido “por físicos demasiados conservadores para esta teoría”, y no los veía proclives a concedérselo.

Como así ha sido. Desde el pasado martes 9 de octubre sabemos que físico francés Serge Haroche y el estadounidense David J. Wineland han sido galardonados con el Premio Nobel de Física 2012, por su aportación a la física cuántica.

Así que por lo menos este año no tiene esa presión mediática, por lo que se siente aliviado. Muy aliviado. Y es que hay un detalle que probablemente ustedes desconozcan sobre este físico teórico, casi con toda seguridad, próximo nobel de física.

Resulta que, a pesar de lo novedoso de su física teórica, en la práctica, no ha usado nunca el correo electrónico. Es más, no tiene ni la menor idea de cómo funciona. Así que mucha teoría de física pero poca práctica de internet.

En fin. Son cosas que pasan. (Continuará)

1 comentario:

  1. una estudiante de 2 bach15 de noviembre de 2012, 9:34

    ¿Por qué le llaman la partícula de Dios?

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