lunes, 17 de septiembre de 2012

Enroque a la Torre-02

Escribo esta columna, mientras languidece la luz de la tarde agosteña del día 31.

El último de un mes que debe su nombre al primero de los emperadores romanos, César Octavio Augusto.

Cuentan que se le puso en su honor, porque algunos de los más afortunados acontecimientos de su vida, ocurrieron precisamente en este mes. Todo un detalle. A qué dudarlo.

Un mes, agosto, y una fecha, la del 31, significativas para muchos españoles. Resultan ser el lugar común para la gran mayoría, a la hora de decidir la fecha que marca el fin del veraneo.

Por supuesto que dicha decisión es sólo un convenio social, pero estarán conmigo que es un convenio muy, muy, consensuado. Con su llegada se acaban las vacaciones.

O casi. Es así. Casi todo el mundo lo sabe, y muy bien a su pesar. Adiós veraneo. Adiós.

Pero su llegada nos deja en la puerta un nuevo mes, septiembre.

Que debe su nombre al hecho de ocupar el séptimo lugar en el primitivo calendario romano. Aquél que constaba de sólo diez meses y empezaba en el actual marzo.

Y es que, a pesar de que con el calendario juliano pasó a ser el noveno mes -Julio César antepuso enero y febrero a marzo- septiembre, les decía, ha conservado su nombre (el séptimo) y no se ha convertido en noviembre (o sea el noveno).

Un lío de nomenclatura, lo sé, pero qué quieren. Se trata de una cuestión de orden y estas cosas pasan.

Con él lo que sí llegará, y para todos, es el fin del verano. Que parece que es lo mismo, pero resulta que no es igual. Una cosa es el fin del veraneo y otra, bien distinta, el del verano.

Entre verano, veraneo y bombillas
No tiene nada que ver el fin de la diversión con el cambio de estación meteorológica que, por cierto, tendrá lugar dentro de unos días, alrededor del próximo día 20.

Pero antes del cambio de estación, y también para todos, este año se nos ha sobrevenido otro cambio. Desde el pasado 1 de septiembre, las clásicas bombillas incandescentes, las de toda la vida, ya no se podrán fabricar ni importar en la Unión Europea (UE).

Se trata del comienzo del fin de las bombillas incandescentes en España. Y no serán las únicas en sucumbir. Hasta septiembre de 2016, se continuará con la retirada progresiva de los demás modelos de mayor derroche energético, para sustituirlos por otros más eficientes.

Se pretende así reducir el elevado consumo energético en iluminación y su degradante impacto ambiental. No olvidemos que la contaminación lumínica, como el Sur, también existe.

De esta forma la normativa europea pone fin a casi ciento treinta y tres (133) años de historia. La que comenzó el 21 de octubre de 1879 cuando, Thomas Alva Edison, inventó la bombilla incandescente.

Para La Torre mira.
Carlos Roque Sánchez.
Enroquedeciencia.es


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