martes, 28 de agosto de 2012

“Prueba y error” o “ensayo y error” (y 2)


(Continuación) 4. Sólo sirve, en principio, para un problema específico. Con su aplicación, inicialmente, no se busca hallar soluciones para otros problemas. Ni muchísimo menos. Sólo nos preocupa el que nos traemos entre manos.

5. Y por último, es costoso. No sólo puede ocurrir que se requieran materiales e infraestructuras onerosas sino que, no siempre, es segura la consecución de un resultado positivo.

Hasta aquí lo que les quería contar sobre el punto de vista científico, acerca de la expresión “Prueba y error” o “ensayo y error”. De modo que vayamos ahora con el segundo, con el lingüístico.


Perspectiva lingüística
Aunque desde ya les aviso que, mucho me temo, éste no va a dar tanto juego como el anterior. En realidad, apenas es una matización de mi propia cosecha.

Dando por sinónimos los términos ensayo y prueba, por lo que podríamos emplear la expresión “ensayo o prueba y error”, me surge una duda. La de si la estructura sintáctica formada por las palabras ensayo (o prueba) y error no resulta ser una expresión incongruente.

Verán por donde voy.

Si con ella queremos expresar una de las dos posibilidades que existen, que acertemos o no, sucede que error (o prueba) y ensayo no son términos antónimos.

Mientras que error hace referencia a una de ellas, a la acción desacertada o equivocada, ensayo o prueba no se refiere a ninguna en concreto.

Ni a la acertada ni a la no acertada. Prueba o ensayo no es más que la acción y efecto de probar o ensayar, sin saber cómo resultará: acierto o error.

Es decir, no están al mismo nivel de significado, no son términos equiparables. Uno no es alternativa del otro.

A mi entender sólo sería necesario, y resultaría suficiente, con decir ensayo, prueba o cualquier otro sinónimo que se considere conveniente. Bastaría pues con “método del ensayo”.

Luego, no sólo me parece improcedente la expresión sino que, además, va en contra de la economía del lenguaje, que como todas las economías que en el universo son, se muestran de forma natural como leyes inexorables que lo gobiernan.

Sin embargo el uso popular ha asentado otra expresión en el inconsciente colectivo. Como queriendo enfatizar, lo que sabemos se muestra de forma real, natural y palmaria: el ensayo es, con frecuencia, más fallido que exitoso.

Nos equivocamos más que acertamos. Está implícito en la naturaleza humana el equivocarse. Aunque todo tiene un límite.

Algo que sabía bien el filósofo, político, orador y escritor romano Lucio Anneo Séneca (4 aC- 65) y nos advertía, ‘Errare humanum est, sed perseverare diabolicum’.

“Errar es humano, pero perseverar (en el error) es diabólico”.

Perdón por el latinajo, pero qué quieren. Ya con mi edad recurrir a los clásicos, como releer los libros, es (casi) inevitable.

¡Ah! los clásicos, siempre los clásicos. (Continuará)

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