miércoles, 29 de agosto de 2012

De nuevo en el mundo de las mariposas (II)

Y tras el inciso a propósito de la expresión “prueba y error” o “ensayo y error”, volvemos a los enfoques mariposienses.

Recuerden los ya tratados, biológicos y literarios, así que vamos con dos nuevos puntos de vista desde los que observar la palabra mariposa.

Estos que les traigo ahora son de naturaleza antropológica y física.

Y ya las hemos enrocado, si bien que es cierto que lo hemos hecho con distinto talento y talante, por el que entono un mea culpa.

El que más tiene, de ambos, es el primero.

Lo hicimos hace ahora, prácticamente, un año. Y trajimos a las mariposas con una connotación homófoba o “mariposona”, que dimos en llamarla.

Fue uno de los numerosos enroques que hemos dedicado al tema de la homosexualidad, tanto del hombre, gaysmo, como de la mujer, lesbianismo.

La visión sexo-mariposil vino de la mano de una frase con la que años atrás, el entonces diputado socialista Alfonso Guerra, calificaba al entonces secretario general del PP, Mariano Rajoy.

Un poco mariposón

Dijo de él que era “un poco mariposón”. Lo dijo como de pasada, casi dejándolo caer. Pero lo dijo.

Como sin querer decirlo. Pero en una clara, maleva y perversa alusión a la tardía soltería del ahora Presidente del Gobierno de España, que se casó con cuarenta y un (41) años.

Es decir, que lo dijo sin querer. Sin quererlo remediar, vamos.

Pero en honor a la verdad, también debo decir algo más.

Si bien no me queda ninguna duda, acerca de la intención del señor Guerra -no lo vamos a descubrir a estas alturas-, sí les he de confesar, que no tengo tan claro el motivo por el que lo que dijo.

Si tiramos de diccionario advertimos que el término mariposón tiene dos significados:

1. Hombre afeminado u homosexual.

2. Hombre inconstante en amores o que galantea a diversas mujeres.



¿Ven por dónde voy? ¿A cuál de ellas se refiere el señor Guerra?

O, ahora que lo pienso, su hermano. O mejor, el “hermano de su hermano”. O mejor aún…

Perdonen la ralladura, pero a pesar de ser de Sevilla, a veces confundo quién es hermano de quién, en estos asuntos entre guerras.

El caso es que, según como me coja el día, no sé discernir bien quién es quién, quién es su “henmano” y quién el “henmano de mi henmano”.

O lo que es lo mismo quién es el asunto, quién el trasunto, quién el asunto del trasunto y quién el trasunto del trasunto. Espero que sepan disculparme.

Debe ser cosa de la edad. (Continuará)

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