jueves, 7 de abril de 2011

¿Qué piensa usted de los coches eléctricos? (II)

(Continuación) A propósito, que no se me olvide. A fecha de hoy, mediados de abril de 2011, ¿cuántas electrolineras sabe que se hayan empezado a construir, de las 500 previstas?

Si sabe algo me lo cuenta también. Esto me interesa saberlo más, bastante más, que lo de la bombilla. 


Porque está claro que es más, mucho más, importante. Dónde va a parar.

Y no. No parece que el esperado despegue eléctrico-automovilístico se vaya a producir, ni en el tiempo ni en la forma que ellos esperan.


No es que dude que la ampliación de la oferta de productos agite el mercado en su momento. Pero es muy improbable que, a la vez, solvente los problemas que tienen dichos productos.

Que no son pocos, ni están faltos de calado. Sin ánimo de ser exhaustivo ahí van algunos.

Inconvenientes de ser eléctricos
Empezaré por el principio, su precio. Ronda los treinta mil (30 000) euros y a todas luces resulta demasiado elevado para las prestaciones que ofrece y los críticos tiempos que corren.

Continúo con su limitada autonomía. Unos ciento treinta (130) kilómetros como máximo que, además, se reduce si se utiliza durante mucho tiempo el aire acondicionado o si se tienen que subir muchas cuestas.

Ya me dirán ustedes adonde vamos con esos lastres en este país.

Y a esto hay que sumarle la operación de recarga de las baterías. Un asunto que no es menor. No sé si sabrán que es necesario conectarla ocho (8) horas seguidas a la red eléctrica convencional.

Eso si quieren la carga máxima y por tanto la mayor autonomía. Y claro está si, por supuesto, disponen de un lugar donde hacerlo. Lo que no es fácil. No crean.

No parece que todo el mundo tenga plaza de garaje, ni que éstas dispongan de estas tomas eléctricas individuales.

Aunque hay otra forma mucho más rápida de almacenar la energía eléctrica. Pero para ello deberá disponer de una toma trifásica a un voltaje mayor (400 V), del que normalmente no disponemos en casa, que es de doscientos veinte voltios (220 V).

En este caso del enchufe trifásico, el tiempo de recarga se reduce a sólo veinte (20) minutos. Si bien hay un inconveniente: la batería sólo se cargará al ochenta por ciento (80 %). O sea.

Como pueden comprender, con estas limitaciones operativas se reduce el uso de estos vehículos a sólo zonas urbanas y a pequeños recorridos.

Claro que no todos son inconvenientes. Los coches eléctricos también tienen sus ventajas.

Ventajas de serlo
La primera ya la hemos comentado. La de llenar el  “tanque de combustible”. Basta con enchufar.

Otra. La de ser absolutamente silenciosos, salvo el ruido propio de la rodadura del vehículo. Una buena medida contra la contaminación acústica

Un valor éste del silencio que, mire usted por donde, se torna en problema. Y es que el silencio del motor es tal, que llega a suponer un peligro para los propios peatones.

Es que no lo oyen aproximarse.
Un problema de seguridad para el que la UE ya tiene solución. Será obligatorio en estos vehículos incorporar un dispositivo que emita algún tipo de sonido.

Lo que claro está, supondrá un gasto adicional para el comprador. A perro flaco,…

Ahora que lo pienso, vivimos en un mundo fascinante. Para una vez que conseguimos un coche totalmente silencioso, resulta que tenemos que incorporarle ruido porque si no, se vuelve amenazador.

Tan acostumbrado estamos a que hagan ruido, que su ausencia casi nos puede matar. (Continuará)

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