sábado, 19 de febrero de 2011

Atomium de Bruselas (y II)

(Continuación) Dicha estructura es del tipo cúbica centrada en el cubo. De modo que la componen nueve (9) átomos, uno en cada vértice del cubo y otro en el centro del mismo. 
Y de su pequeñísimo tamaño nos da una idea el factor de escala con el que se construyó el Atomium, 1 : 150 000 000 000.
Un valor representativo de la desproporcionada relación que existe entre el mundo molecular y el molar. Dos mundos diferentes, con dos físicas diferenciadas y leyes bien distintas.
Para el primero, el mundo micro, la física cuántica y sus extrañas leyes. Para el segundo, el macro, la física clásica, más próxima y familiar. Ya hemos hablado otras veces en esta tribuna de divulgación.
Más características científicas
Volviendo al Atomium, sólo les comentaré un par de detalles más, o tres ya de la que va.
El primero es intencional. Con dicha obra se pretendía hacer un homenaje a la Ciencia. En concreto a la Física Nuclear, un campo científico emergente en aquella época, con más oscuros que claros en su corta historia.
Recordemos que el 6 de agosto de 1945, sólo trece (13) años antes, era lanzada sobre la ciudad japonesa de Hirosima, la primera bomba nuclear a la que se bautizó como Little Boy, “pequeño muchacho”.
Un curioso nombre para una aplicación bélica y perversa de la energía nuclear. Es el lado oscuro de la energía nuclear.
Pero como todo lo humano, también tiene claridad. De hecho el campo de la Física Nuclear tiene más claros que oscuros. 

Uno de ellos la producción de energía eléctrica, barata y segura.
La primera vez que se produjo electricidad en un reactor nuclear fue seis años después que se lanzara la bomba. 

En concreto el 20 de diciembre de 1951, en la estación experimental de Arco, en Idaho (EEUU).
Y tres años después, el 27 de junio de 1954, arrancaba a funcionar la primera central nuclear del mundo esta vez en Obnisnks (Rusia).
De modo que el Atomium, desde este punto de vista detallista intencional, lo podemos ver como un símbolo contemporáneo del progreso humano. Un progreso que no siempre es avance.

Y más
El segundo de los detalles de los que les quiero hablar es mecánico

Su extraordinaria disposición geométrica, el Atomium está apoyado sobre uno de los vértices, y que se eligió principalmente por consideraciones estéticas, resultó ser la más idónea desde la estática para paliar el inevitable efecto viento.
Un factor aerodinámico siempre peligroso en estructuras de estas dimensiones geométricas y físicas, y a tener muy en cuenta. 

El motivo de dicha idoneidad era porque, precisamente esta disposición, hacía que las esferas se protegieran unas a otras, minimizando así este amenazador factor mecánico.
Un acierto, por tanto, casi serendípico. Los lectores atentos recordarán que, precisamente,  hablamos hace unas semanas del papel de la serendipia en los descubrimientos científicos.
Y el tercero de los detalles que hoy les traigo del Atomium es de naturaleza estética-lumínica


El impresionante y cegador brillo con el que relucen las esferas cuando les da el Sol, tiene una explicación de origen químico.
Se debe a una capa de dos milímetros (2 mm) de espesor de la sustancia simple química aluminio, Al (s) que las recubre. Un aluminio reflectal especial. Lo dejamos aquí. (Continuará)

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