domingo, 16 de noviembre de 2008

Sputnik I (1)

El 4 de octubre de 1957, la URSS sorprendía al mundo lanzando el Sputnik I, el primer satélite artificial de la Historia.

Con él se iniciaba la carrera espacial entre ella y EEUU, y desde entonces se han enviado, fuera de nuestra atmósfera, más de 6000 cohetes, sondas y naves.

Una carrera entre los dos países que empezó ganando el primero, y en la que, ahora, lleva ventaja el segundo.

Todo tiene un principio
Pero en realidad esta historia empezó mucho antes. Nada menos que en el siglo XVII, cuando Isaac Newton predijo que cualquier proyectil, convenientemente lanzado, se comportaría como un verdadero satélite.

Si un cuerpo situado a una determinada altura sobre la Tierra, es lanzado con una velocidad menor que la de escape a esa altura, quedará ligado al planeta, describiendo una órbita elíptica a su alrededor. Estos objetos son denominados satélites artificiales.

Y eso fue lo que hizo la URSS, y con lo que se desayunaba medio mundo, la mañana del 5 de octubre de 1957.

A las 22 h 28 min del 4 de octubre, lanzado por un cohete militar R-7, los soviéticos ponían en órbita la primera nave extraterrestre.

Dejaron al mundo algo perplejo y a los estadounidenses, además, bastante angustiados, a pesar de ser un ingenio de lo más simple.

Algunos datos técnicos
Una esfera de acero de 58 cm de diámetro, más o menos como una pelota de baloncesto, que contenía dos transmisores de un vatio (1 W) de potencia, de veinte y cuarenta megahercios (20 y 40 MHz) de frecuencia, un sistema de ventilación y un equipo de medida de presión y temperatura, alimentado todo por tres baterías de plata Ag (s) y cinc Zn(s). Nada más.

Cerrada herméticamente, la esfera estaba rellena de nitrógeno líquido, N2 (l), a 1,3 atm de presión y recubierta de dos hemisferios de aluminio, Al(s), provistos de cuatro antenas emisoras. En total una masa de 83,6 kg.

Lo que viene a pesar un hombre adulto, vamos. (Continuará).



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