La ciencia no sabe de países, porque el conocimiento pertenece
a la humanidad y es la antorcha que ilumina el mundo.

Louis Pasteur, científico francés (1822-1895)

viernes, 12 de octubre de 2018

Mujer, nobel y química. ‘Rara avis’

(Continuación) Y con su concesión nos encontramos ante un nuevo caso de rara avis pues el pasado miércoles 3, la estadounidense Arnold, como el día anterior lo hizo la canadiense Strickland, entró a formar parte de otra de las divisiones más selectas, del más selecto de los club de científicos que en el mundo han sido: el de las químicas nobelesas.
Y tampoco en esta ocasión les exagero lo más mínimo pues ella es la quinta mujer en ser galardonada con un Nobel de Química en los ciento diez (110) años en los que ha sido concedido, pues en ocho y por motivos diversos (declararse desierto, guerra mundial y el exilio obligado de varios miembros del comité) no se entregó esta modalidad de Premio Nobel.
Como a lo largo de ese tiempo lo han recibido ciento ochenta y un (181) científicos, la simple aritmética escolar nos viene a significar que, sólo un dos coma siete por ciento (2,7 %) de los Nobel de Química han sido mujeres. Sí, casi el doble que en física, pero ya me dirán ustedes qué cifras son esas.
La ausencia femenina en estas categorías científicas del galardón resulta del todo terrible por dolorosa, y eso que las mujeres conforman el cincuenta por ciento (50 %) de la humanidad.
Cinco de cada ciento ochenta y uno
La manita de nobelesas científicas la encabeza por orden cronológico, cómo no -ya le advertí sobre su supremacía en las primicias-, lafrancesa de origen polaco Marie Curie (1867-1934) galardonada en solitario con el Premio Nobel de Química en 1911, ‘por descubrir los elementos radio y polonio’. Fue el segundo y como química, recordar que ocho años antes recibió el Premio Nobel de Física en 1903. 
Y como de casta le viene al galgo, la siguiente científica galardonada en esta especialidad fue su hija Irène Joliot-Curie (1897-1956) que compartió con su maridoFrédéric Joliot (1900-1958), el Premio Nobel de Química en 1935, ‘por sus síntesis de elementos radioactivos’. Habían pasado veinticuatro (24) años.
Y tuvieron que pasar veintinueve (29) para que la química británica Dorothy Crowfoot Hodgkin (1910-1994) recibiera en solitario el Premio Nobel de Química en 1964, ‘por sus determinaciones mediante técnicas de rayos X, de las estructuras de importantes sustancias biomédicas’. El tercero del quinteto.
Ya para el siguiente hubo que esperar algo más, en concreto cuarenta y cinco (45) años, cuando el químico indio Venkatraman Ramakrishnan (1952), el químico estadounidense Thomas Arthur Steitz (1940) y la cristalógrafa israelí Ada Yonath (1939) compartieron el Premio Nobel de Química en 2009, ‘por sus estudios en la estructura y función del ribosoma’. Un reparto por cierto equitativo.
Para desembocar en el del pasado miércoles 3, sólo nueve (9) años después, con Arnold, Smith y Winter. Sí, tengo esperanzas de que las nobelesas científicas empiecen a proliferar por méritos propios. (Continuará)
[*] Introduzcan en [Buscar en el blog] las palabras en negrilla y cursiva, si desean ampliar información sobre ellas.


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