Lo importante en ciencia no es tanto obtener nuevos datos,
como descubrir nuevas formas de pensar sobre ellos.

Sir William Henry Bragg, físico inglés (1835-1902)

miércoles, 31 de octubre de 2018

‘La Guerra de los mundos’, 1898

(Continuación) Todo comenzó cuando el estadounidense, jovencísimo y polifacético Orson Welles (1915-1985) -contaba sólo veintitrés (23) años de edad- decide emitir en un programa de la CBS, nada menos que una versión radiofónica del clásico relato de ciencia-ficción La Guerra de los mundos.
La Guerra de los mundos
Sí, ha leído bien. Se trata de la célebre obra del prolífico prosista británico H.G. Wells (1866-1946), uno de los ‘padres de la ciencia ficción’, que fue escrita casi cuarenta años antes, en concreto en 1898.
De forma que echando cuentas, si la radiofónica les decía que está en su ochenta aniversario (1938), la literaria cumple este Año del Señor de 2018, sus primeros ciento veinte (120) años. Unos números que por una razón que se me escapa algunos llaman “redondos”, y les he de confesar que no termino de entender de dónde les viene lo de la “redondez”.
¿Qué acepción de este término recoge el hecho de que los años de nacimiento y muerte terminen en el mismo dígito? ¿Por qué es más redondo 80 que 81, y 120 que 119? ¿O por qué 1915 lo es más que 1914?
Lo dicho, se me escapa. Un problema de limitación personal sin duda, pero ya que va de simplezas y estulticias, aporto mi pequeño grano de arena a la causa, ¿qué me dicen de la semejanza de los apellidos Wells y Welles, diferenciados solo en una “e”? ¿Casualidad, coincidencia, ataque enemigo?
En fin, perdonen la beocia digresión y volvamos a lo que nos trae. Naturalmente, bien lo sabe, los mundos en guerra eran la Tierra y Marte, y en dicho relato se narra cómo unos horribles seres se proponen conquistar nuestro planeta ya que el suyo se estaba extinguiendo. Cosas de la buena ciencia ficción británica.
Versión radiofónica
Pero Welles, junto a su equipo, decidió que en la versión radiofónica los marcianos descendieran sobre Nueva Jersey (EE. UU.) en vez de sobre Gran Bretaña. Y de un plano nacional recogido en una gasolinera, tomaron los nombres de las carreteras y las localidades estadounidenses necesarios para adaptar el nuevo y dantesco escenario.
De esta forma se escogió el lugar de aterrizaje de los marcianos, la pequeña localidad Grovers Mill (Nueva Jersey), por el simple método de cerrar los ojos y dejar caer el bolígrafo sobre el mapa, y allí donde cayó la punta allí aterrizaron los marcianos. (Continuará)
[*] Introduzcan en [Buscar en el blog] las palabras en negrilla y cursiva, si desean ampliar información sobre ellas.



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