El científico no es aquella persona que da las respuestas correctas,
sino aquél quien hace las preguntas adecuadas.

Claude Lévi-Strauss, antropólogo francófono belga (1908–2009)

viernes, 30 de marzo de 2018

Entre el síndrome de Jerusalén y el lienzo de Turín

La tarde del pasado Domingo de Ramos y entre paso y paso de imágenes cofradieras de la Semana Santa sevillana, un viejo conocido, médico y creyente, con el que suelo coincidir por estas fechas y lugares, sacaba los temas del titular.
Uno realmente novedoso para mí, el síndrome de Jerusalén, del que me preguntó si había oído hablar y qué juicio me merecía. Le respondí que no, que no tenía ni idea y mucho menos una opinión formada de él. El otro por el contrario es antañón, un clásico entre nosotros y motivo de discusión, entiéndame, de intercambio de puntos de vista.
Ya conocen lo que opino sobre el fraude del lienzo de la catedral de Turín, al que interesados en el asunto dan en llamar Sábana Santa, vaya usted a saber por qué motivos. Y mientras que en la discusión él me dice que soy un escéptico, yo le respondo que en la misma medida él es un crédulo. Al fin y al cabo humanos. Diferencias entre ciencia y creencia, racionalidad e irracionalidad.
Del primer tema le dije que tenía algo escrito sobre síndromes y le cité: el “síndrome de la clase turística”, el “síndrome de la tiara”, el “síndrome de Asperger, el “síndrome de Capgras, el “síndrome de Ménière, el “síndrome del escaparate”, el “síndrome del hiperestetoscopio”.
El “síndrome de Warrdenburg, el “síndrome de Kessler, el “síndrome de Rebeca, el “síndrome de Marfan, el “síndrome de Peter Parker”, el “síndrome de Stendhal, el “síndrome de inmuno deficiencia adquirida (SIDA)”, el “síndrome del Apagón Emocional”o el “síndrome del sabio”.
Y alguno más que seguro me dejé, pero que estará en el tintero del disco duro de la computadora. De todos ellos, si están interesados, pueden ustedes obtener información en el blog tirando de [Buscador], pero del segundo no hallarán palabra alguna, vamos que ni nombrarlo siquiera.
Quien sí lo nombró y me puso al tanto del síndrome -en menos tiempo además del que transcurre entre imagen e  imagen, eso sí, era de una hermandad con muchos nazarenos, muchos penitentes y, como casi todas, con una nutrida banda de música- fue mi contertulio. Si lo desean, me escriben y les cuento con gusto y presteza lo que me contó el buen doctor del síndrome de Jerusalén.
De lo que por el contrario me da pereza escribir y no me produce satisfacción alguna es del lienzo, del que también pueden encontrar abundante información en el blog, en la treintena larga de entradas que contiene. Dejo para pasado mañana lo que le recordé al buen doctor sobre el método de datación basado la prueba del carbono-14 y de su inventor, el químico estadounidense Willard Libby.
Del primero y en relación con el lienzo, decirles ahora que en unas semanas se cumplirán treinta (30) años del riguroso ceremonial en el que se tomó una pequeña muestra de la tela que, supuestamente, envolvió el cuerpo de Jesús. Una pequeña porción que se recortó el 21 de abril de 1988, y cuyo análisis demostraría si fue el santo sudario o no. Y del científico recordar que a finales de año se cumplirá el 110 aniversario de su nacimiento. (Continuará)
[*] Introduzcan en [Buscar en el blog] las palabras en negrilla y cursiva, si desean ampliar información sobre ellas.



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