¿Ha sío argo?
En la enfermería, tras la cogida de un toro. A los tres minutos estaba muerto.

José Dámaso Rodríguez y Rodríguez ‘Pepete’, matador de toros (1824-1862)

miércoles, 7 de febrero de 2018

¿Cuántos metales existen en estado líquido? (2)


(Continuación) Una operación que se llevaba a cabo en un aparato denominado espectroscopio, que fue diseñado y construido en 1859 por el propio G. Kirchoff y el químico alemán Robert Bunsen (1811-1899), y consistente en un tipo refinado de prisma que permite identificar elementos químicos.
Una identificación que es factible ya que puede separar los distintos colores que emiten, al ser puestas sus sales a la llama, y hacerlo en líneas características como si de un código de barra identitario se tratase.
Antes de seguir permítanme una posible afirmación y una rotunda negación. Sí, es más que probable que las llamas de los experimentos se produjeran en uno de los conocidos mecheros de Bunsen. Y no, Bunsen no inventó dicho mechero, ya que la historia nos viene del quemador del físico y químico británico Michael Faraday (1791-1867).Pero esa es otra historia.
Por cierto que de manera conjunta, Kirchoff y Bunsen, descubrieron espectroscópicamente los elementos cesio, Cs (1860) y rubidio, Rb (1861) que seguro recuerda, son los otros dos metales líquidos en condiciones ambientales junto al galio Ga, de los que les hablaba al principio.

Volviendo al francés Lecoq fue así, mediante esta técnica espectroscópica, como pudo observar en 1875 el característico espectro atómico de emisión, con sus dos líneas ultravioletas (UV), que tiene el galio y, tan solo un año más tarde, lograr aislarlo por el proceso químico de la electrólisis, mediante una solución de hidróxido de potasio, KOH (dis).
Un descubrimiento que puso punto en boca, a todos los detractores de la “realidad química” de la tabla periódica (1869) del químico ruso D. Mendeleyev (1834-1907). Y es que para ellos dicha propuesta sólo era una simple disposición de símbolos químicos sobre el papel, algo que tenía toda la pinta de haber surgido de la nada científica, y sobre la que no había manera de saber si era cierta o falsa.
La verdad es que, aunque equivocados, no estaban faltos de cierta razón, pero lo cierto es que todo cambió con el descubrimiento del galio por Lecoq y el impulso que supuso para Mendeleev y su hipótesis sobre la tabla periódica de elementos.
De Mendeleyev a Lecoq
Un Lecoq del que habría que decir antes de nada que desconocía del todo la capacidad predictiva de la obra de Mendeleyev, cuando anunció su descubrimiento de un nuevo elenento parecido al aluminio y que sería llamado galio.

Es importante que esto quede claro porque el supuesto potencial de la tabla periódica del ruso, acerca tanto de la existencia de nuevos elementos químicos aún desconocidos, como de las propiedades físicas y químicas que estos debían tener, resultaba del todo sorprendente.
Para empezar y en nuestro caso, ya el propio Mendeleyev predijo que el galio sería descubierto a partir de la identificación de su espectro característico, como así fue. También acertó en el valor de masa atómica que le asignó, por estar situado debajo del aluminio en la tabla periódica.    
Incluso fue más allá. (Continuará)
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