El pensamiento no es más que un relámpago
en medio de una larga noche. Pero ese relámpago lo es todo.

Henri Poincaré (1854-1912)
, filósofo y científico francés.

viernes, 14 de julio de 2017

Jefe, ¿autoridad o poder? (1)

Hace unos años en la Facultad de Psicología de la Universidad de Granada, una profesora realizó una curiosa tesis. Versaba sobre la imagen que los jefes tienen de sus subordinados, una temática que estarán conmigo, es cuando menos sorprendente.
Pero no lo más sorprendente de la misma, que a mi entender es una de las conclusiones a la que llegó en su estudio. En su opinión la percepción depende mucho de la propia valía del perceptor, lo que dicho así, a la vez que sorprendente puede resultar esperanzador, o no. Verán.
Jefe y poder
De la investigación se deduce que los jefes que mandan ejerciendo el poder, suelen percibir a los demás como una masa homogénea, sin individualidades y con características muy negativas. Una conclusión desalentadora o, como la misma profesora califica, orwelliana. No en vano, para este tipo de jefe, un baranda sin duda, todos los empleados son iguales, aunque eso sí unos más iguales que otros.
Además dice que, conforme menos méritos haya tenido que aportar el jefe para llegar a serlo, con más desconfianza mirará a sus subordinados. Y es así porque, desde el punto de vista psicológico, la inseguridad en sus propias cualidades le obliga a percibir a los demás de forma negativa. Ésa es su forma de justificar que él, y no otro, es quien merece y debe ser el jefe. Lo primero es salvarse uno.
Por otro lado, su propia falta de seguridad y capacidad profesional le hará elegir a personas que en su opinión, sean igualmente inseguras e incapaces. Con ello pretende evitar que en algún momento se conviertan en una competencia peligrosa. No, no hay duda. Cuanto más incompetente se es, de más incompetentes se intenta uno rodear. Ése es su incompetente mecanismo de seguridad para la inseguridad (tan humana ella).
Algo parecido a aquello de: “En el país de los ciegos,...”. Sin duda alguna no solo son conscientes de que tienen poder pero no autoridad sino, lo que es peor aún, no diferencian el uno de la otra.
Lo que les llevará además a desarrollar, de forma inconsciente e instintiva, toda una serie de estrategias encaminadas a que no se produzcan “revoluciones promocinales”. Todo para seguir manteniendo la, supuesta, desigualdad. Porque el jefe es, y debe ser, siempre el mandamás.
Jefe y autoridad
Por el contrario, aquellos jefes que mandan ejerciendo la autoridad, los que han luchado por llegar a un determinado status profesional y lo han conseguido por méritos propios, suelen dedicar sus esfuerzos a otro tipo de tareas. Unas que van justo en el sentido contrario, o sea, buscar gente competente, sociable e inteligente para trabajar en equipo. La estrategia es clara.
Al sentirse legitimados por su propia competencia en el puesto de trabajo, intentan rodearse de gente igualmente competente, a efectos de funcionar mejor. De modo que cuanto más competente es, de más competentes se intenta rodear. Ése es su competente mecanismo de seguridad para la inseguridad, tan humana ella. (Continuará)



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