Atribuyo mi éxito a esto. Nunca di ni tomé ninguna excusa.

Florence Nightingale
, enfermera estadística (1820-1910)

martes, 13 de junio de 2017

Poe y Peel en la portada del ‘Sgt. Pepper's...’

(Continuación) De ambos escritores, Poe y Shelley, rechazar aquí el escaso e injustificado reconocimiento que su obra, en esta categoría, tiene entre los aficionados al género, motivado por la sencilla razón de no ser especialistas científicos reconocidos en esos campos del saber, sino “simples” escritores. Todo un error.
Buen ejemplo de lo injusto del juicio es el conjunto de relatos recogidos en el libro La ciencia-ficción de Edgar Allan Poe, traducido por Julio Gómez de la Serna Puig (1895-1983), y de quien leí hace unos días por puro azar, que en 1928 prologó la obra El dueño del átomo de su hermano el prolífico escritor Ramón Gómez de la Serna (1888-1963).
Una recopilación de nueve (9) relatos de diferente consitución y temática en la que, en el que es homónimo, el escritor cuenta la historia de un físico obsesionado en dominar el mundo, gracias al dominio de la energía del núcleo atómico.
Por las fechas se refiere naturalmente al proceso de fisión nuclear pues quedarían años aún para el de fusión nuclear, pero es sorprendente cómo el escritor pudo intuir, desde un punto de vista tan científico y técnico, el riesgo que suponía el manejo de la energía nuclear, mal llamada atómica.
Sorprendente digo porque, hasta donde sé, Gómez de la Serna no tenía una especial formación ni matemática ni física. Pero claro, qué sabré yo. Ya me contarán ustedes.
Mientras leo a vuelatecla lo escrito, me doy cuenta del magnífio e inesperado nexo entre ciencias y literatura, éste de los hermanos Gómez de la Serna, con el que me he encontrado mientras les escribía de Poe ¿Serendipia? Podría ser.
Y del mundo de la literatura nos vamos al de la política.
3. Sir Robert Peel (1788-1850), estadista y político británico del partido conservador del que fue fundador. A él se debe la creación del primer cuerpo de policía moderno de su país que, con el paso del tiempo, culminaría en el actual Scotland Yard.
Un compañero de divulgación, casi siempre mejor informado que yo, me apunta que no existe ningún fundamento documetal que avale la idea según la cual el término “bobbies” con el que se conoce a los policías de Londres procedan de “Bobby” el diminutivo del nombre propio Robert, del político.
Tres cuartos de lo mismo que decir del término “peelers” con el que se conoce a los policias de Irlanda del Norte y que algunos consideran, sin base argumentada para hacerlo, derivado del apellido del ministro, Peel.
Del que además hay que dcir que fue uno de sus gobiernos el que otorgó los derechos civiles a los judíos británicos. Y es que Peel llegó a ser Primer Ministro del Reino Unido en diferentes etapas y fue en el ejercicio de una de ellas donde nace el vínculo con la ciencia.
Ocurrió cuando al político, el renombrado científico inglés Michael Faraday (1791-1867), le presentó su descubrimiento sobre la inducción de corrientes eléctricas mediante campos magnéticos, una dinamo vamos.
Éste, sin mucho interés por el asunto y en tono escéptico, al parecer le preguntó: “¿Y esto para qué sirve?”, a lo que Faraday se dejó caer con aquello de: “¿Para qué sirve un recién nacido?”. (Continuará)



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