Tengo un artículo a flote, con una teoría electromagnética de la luz,
que salvo que me convenzan de lo contrario, considero de gran valor (1865).

James Clerk Maxwell, físico y matemático británico (1831–1879)

jueves, 2 de febrero de 2017

¿Adónde van los globos de helio que se les escapan a los niños? (3)

(Continuación) Por si quieren saber más sobre la experiencia y sacar sus propias conclusiones al respecto, lean la publicación de Patrick Glaschke, ‘Trajectoriesof Rubber Balloons used in Balloon Releases: Theory and Application’.
Pero claro, siete (7) son muy pocos globos como para sacar conclusiones significativas desde el punto de vista científico. Lo suyo hubiera sido que se hubieran soltado muchos más, cientos o quizás miles y darle un mejor tratamiento a los resultados obtenidos.
Y además como variable no controlada, está el asunto del impredecible comportamiento de la atmósfera.
En relación con el número de globos, unos años antes de la experiencia de 2001 de Glaschke, en concreto en 1997, los científicos Kathrin Baumann y Andreas Stohl publicaron en la revista Journal of Applied Meteorology un artículo titulado “Validation of a Long-Range Trajectory Model Using Gas Balloon Tracks from the Gordon Bennett Cup 95”.
“Validation of a Long-Range Trajectory Model Using Gas Balloon Tracks from the Gordon Bennett Cup 95” (1997).
Como han podido leer los datos proceden de la famosa competición de globos aerostáticos (que de refilón ha sido citada en estos predios blogueros) y en la gráfica, a modo de ilustración, se puede ver la distribución inicial y final de dieciocho (18) de ellos.
El cuadrado azul es el punto de inicio común y los círculos rojos los lugares en los que tomaron tierra al final de su vuelo.
Es más que evidente que las condiciones meteorológicas pueden hacer que estos dispositivos aéreos-flotadores muy parecidos estructuralmente, y que partieron del mismo sitio, acaben en lugares bastante distantes entre sí.
Un fenómeno que ocurre también en las competiciones de globos aerostáticos sin motor, en las que unos recorren solo decenas de kilómetros, mientras que otros recorren cientos, dicho esto en lo que respecta a la distancia.
Igualmente en el plano temporal, mientras que unos permanecen en el aire durante días, otros sólo están unas pocas horas en el aire. Por si quieren leer de primera mano el trabajo de Baumann y Stohl, “Validationof a Long-Range Trajectory Model Using Gas Balloon Tracks from the GordonBennett Cup 95”.
Y esta dispersión de resultados les decía, tanto en la localización como en la temporalización de la caída, debida a las condiciones meteorológicas no es el único problema al que se enfrenta este estudio experimental.
Resulta que cuando se van a recoger los globos caídos al suelo, con lo único que nos encontramos, en el mejor de los casos, es con sus restos.

Que de un lado no son más que finas tiras de un tamaño muy pequeño y que además, para más inri, debido a la explosión que sufre están esparcidas en un radio de varios kilómetros a la redonda.
O sea que no es fácil. No. Respecto a esto último recuerden que lo hablamos en entradas anteriores, los globos explotan cuando alcanzan una determinada altura, debido a un problema de diferencia de presión (∆P). (Continuará)